Una correcta elección de gafas de natación puede ayudarnos a mejorar nuestra MMP en un triatlón, o pueden echar al traste nuestras aspiraciones. Aunque os parezca que estamos exagerando, no lo es. Pueden ocurrir miles de vicisitudes con las gafas de natación, desde que se nos empañen a los doscientos metros de tirarnos al agua, hasta que filtren agua por el faldón.

Por cierto, antes de continuar, si estás pensando comprarte gafas, no dudes en visitar nuestro artículo ¿Cuáles son las mejores gafas de natación para aguas abiertas?

Partiendo de esta premisa que decíamos de evitar problemas en competición, ¿qué hemos de tener en cuenta a la hora de escoger las gafas de natación? ¿Tenemos un juego de gafas específico para la natación en aguas abiertas, y otro para cuando nadamos en piscina?

Nosotros creemos que sí, que es mejor tener dos pares diferenciados. Así que, por ahora, hay van una serie de cuestiones a tener en cuenta cuando escoges gafas de natación.

Las lentes

El polímero utilizado para dar forma a las lentes es, de lejos, el factor más importante a la hora de escoger gafas de natación. Aunque la visión en la piscina no requiere de tanta calidad como en aguas abiertas, donde necesitamos más amplitud de visión (boyas, volumen de las olas, referencia de dónde está la salida del agua). En la piscina podemos utilizar lentes claras, pero en aguas abiertas tendrán que ser, como mínimo, polarizadas: si nos da el sol de cara, es necesario que podamos mirar al frente. A poder ser, escógelas fotocromáticas.

¿Tienes miopía? Speedo y Zoggs disponen de lentes graduadas.

El faldón

Es la parte con ventosa que une las lentes a nuestra cara, garantizando la estanqueidad de las gafas. Junto a una correcta elección de las lentes, es quizás el punto más importante a la hora de escoger gafas. En triatlón de larga distancia, en el que vamos a estar alrededor de una hora con ellas sobre la cara, la comodidad y que impidan entrar el agua es básico.

La mayoría de las gafas de natación traen un faldón flexible que se adapta a las características de nuestra cara. Si no queremos gastarnos mucho, encontraremos gafas que lo tienen de espuma, pero no son las más cómodas, la verdad.

La goma o la silicona son las opciones más adecuadas para un deporte como el nuestro, dado que son materiales flexibles y no causan irritación en la cara.

De todas las opciones que pruebas, ¿cómo sabes cuál es la que mejor se adapta a tus características? Cólocate las gafas sin el elástico, y aprieta para hacer vacío en tus ojos. Si sueltas y no se caen, quedándose pegadas a tu piel, enhorabuena, has encontrado tu pareja de baile para la piscina.

El puente

El puente es la unión entre ambas lentes. Tradicionalmente era una pieza ajustable con tres engranajes, pero a la hora de la verdad se ha demostrado que no es una vía cómoda de adaptarse. Al fin y al cabo cada uno tenemos una nariz con su forma y su tamaño. Hay una tercera opción, que es la de puentes intercambiables. Dado que las gafas de natación son -o deberían- algo personal, no vemos que sea una solución válida: si te haces con unas gafas de este tipo, usarás uno de los puentes, ninguno más.

Busca por tanto unas gafas con el puente flexible y autoajustable. Será lo más cómodo.