No sé si a vosotros os pasa, pero cuando yo voy a la piscina, junto a mi grupo de entrenamiento, somos cada uno de nuestro padre y de nuestra madre, con diferentes habilidades y, sobre todo, ritmos de lo más variopintos: desde el tío que es capaz de hacer el 100 en 1’12”, hasta los que rondan los 2′. Y claro, ¿cómo se lidia con tales diferencias? ¿Cómo estructurar el entrenamiento para que pueda ser útil para todo el mundo y tratemos de molestarnos lo mínimo posible?

Calentad por una cantidad fija de tiempo: en vez de hacer los típicos 600 metros que podemos hacer habitualmente, que conllevan que unos terminen en siete minutos y otros se tiren doce dándole, fijad un tiempo de calentamiento en minutos, del tipo: siete minutos calentando, y después empieza el entrenamiento. Esto permite que todos empiecen y acaben al mismo tiempo, independientemente de la distancia.

Escoged un intervalo para el entrenamiento, pero deja que cada nadador escoja la distancia: por ejemplo, si hay que nadar dos minutos, un nadador de nivel alto probablemente llegue a hacer 175 metros, mientras que uno más lento se quede en 100. Sea como sea, empezar y descansar al mismo tiempo permitirá a todo el mundo estar motivado -porque no estará preocupado de que el resto le espere o por estar descansando en demasía- y además no habrá más tráfico del necesario en la calle.

Durante un intervalo largo, estableced competiciones entre los nadadores: No hace falta que sean nadadores del mismo nivel. Por ejemplo se puede estipular que en los próximos veinte minutos (que vendría a ser una distancia entre 1.000 y 1.500 metros, según el nivel) un nadador tenga que conseguir doblar a otro (y el otro tratar de evitarlo, por el contrario). Así fomentamos el estado de competición dentro de un entrenamiento, y logramos que dos personas con distintos ritmos tengan un objetivo similar.