Conseguir nuestros objetivos -a nivel profesional, familiar, deportivo- es muy duro, conlleva mucho esfuerzo y trabajo. Y no solo supone gastar horas y más horas, también supone que salgamos fuera de nuestra zona de confort y venzamos nuestros miedos: al fracaso, al éxito, a quedar mal.

Ya comentamos en su momento que nuestros élites, entre otras cosas, lo eran porque eran capaces de aguantar más el dolor. Cuando las cosas se ponen difíciles, los profesionales saben salir adelante. A los populares, en cambio, nos cuesta mucho. En muchas ocasiones no estamos dispuestos a arriesgar nada. Y con nuestros entrenamientos de natación pasa lo mismo. Siempre decimos que mejorar en el segmento de natación conlleva un trabajo de técnica, de repetición de movimientos, de rutina y tenacidad. ¿Somos capaces de lograrlo? Ahí van 6 consejos para llevar nuestra natación a su mejor límite:

Da un paso adelante

No importa si es grande o pequeño, lo importante es que tomes la determinación de dar el primer paso, que todos sabemos que va a ser el más difícil.

Deja de asustarte

Salir de la zona de confort cuesta un huevo y medio. Y en los límites habituales se vive muy cómodo. Añadir más carga de trabajo, o hacer series en la piscina a una mayor intensidad, va a doler, va a costar, pero es un acto natural al que hemos de acostumbrarnos. ¿O cómo piensas que se mejora, nadando siempre a los mismo ritmos? No. Nuestra velocidad solo se ve afectada -positivamente- incluyendo series por encima del umbral. Y esas ya sabemos cómo nos dejan, del revés.

Así que lo mejor es que cuando lleguen las series, evadas el miedo y dejes de asustarte. Lo asumes y punto.

Haz autocrítica constructiva

Ser conscientes de dónde estamos en cada momento nos ayuda a mejorar. De nada nos vale mentirnos con la calidad o cantidad de nuestros entrenamientos, o si estamos haciéndolo peor de lo que esperábamos, pensar que el día de competición las cosas van a salir mejor, así, por arte de magia.

Darnos cuenta de cómo están siendo nuestros entrenamientos nos ayuda a diseñar una estrategia para el futuro.

Siempre con la cabeza alta

Siempre que de nuestra parte estemos poniendo toda la carne en el asador, no hay nada de que arrepentirse: si intentamos hacer una serie (que nos toca hacer), y lo damos todo y no logramos alcanzar los tiempos previstos, o hemos puesto tanto énfasis que el resto del entrenamiento no tenemos fuerzas, no hay que agachar la cabeza. Hay que continuar intentándolo, porque al fin y al cabo mejorar nuestra natación no es cosa de semana y media. ¡Ya quisiéramos nosotros!