Los triatletas queremos estar delgados. Siempre. Es una verdad universal, como que nadie es tan guapo como su foto de perfil ni tan feo como la de su dni, o que cuando tu pareja te dice que llega en cinco minutos, aún queda media hora. Otra cosa es que consigamos bajar de peso, que es harina de otro costal. Hacemos todo el ejercicio necesario pero luego con el tema nutrición es muy común que nos despistemos. Tiene su lógica, no somos triatletas de élite, hacemos esto porque nos gusta, no porque nos paguen o nos vaya la vida en ello.

Pero dicho ésto, también hay mucho mito nutricional que deberíamos de saber esquivar si queremos bajar nuestro porcentaje de grasa (iba a haber puesto bajar de peso, pero no, no es lo que queremos exactamente).

Comer grasa te hará engordar

No nos equivoquemos: el tipo de grasa que ingerimos varía muy mucho cómo termine almacenándose en nuestro cuerpo. Porque hay grasas y grasas, y aunque pensemos que la mayoría terminan alojándose y montándose un apartamento con vistas en nuestra cadera y barriga, no es así. ¿Engorda un aguacate?

La grasa es necesaria para nuestro funcionamiento, así como para tener un metabolismo saludable. De hecho, un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association, los investigadores descubrieron que en una dieta sin grasas durante cuatro semanas, se quemaban 300 calorías menos que en una dieta corriente.

¿Qué hay que hacer, entonces? Consumir esas grasas que siempre hemos dicho que son buenas: frutos secos, pescado, el citado aguacate, y aceite de oliva.

Y punto.

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Perder peso va solo de contar calorías

El control de las calorías ha sido una máxima a lo largo de las últimas décadas, pero también se ha demostrado que aunque puede ser una referencia útil, no es la única verdad absoluta: 500 calorías en forma de brócoli y salmón tendrán un impacto en nuestro cuerpo totalmente diferente al que puede suponernos unas patatas fritas y una tarta de queso, por poner un ejemplo. El apetito, el metabolismo, nuestra energía se ven afectados.

¿Qué hay que tener en cuenta entonces? Pues hace unas semanas hablamos del índice glucémico y la carga glucémica. Empecemos por ahí.

No comas tarde

No se me olvidará una entrevista, hace lustros, con Raffaela Carrá (sí, qué pasa, uno ya tiene su edad), en la que la cantante y presentadora italiana se jactaba de que su éxito de belleza era no cenar por las noches. Y se quedaba tan ancha. Y el problema es que es un pensamiento que tiene mucha gente.

De hecho (y aunque el dato no venga al caso) un reciente estudio de la Universidad Hebrea descubrió que aquellos que celebraban el Ramadán saciaban más el hambre que aquellos que hacían la mayor ingesta calórica a primeras horas de la mañana. Además, hay que tener en cuenta que somos triatletas: unos entrenarán por la mañana, antes de empezar la jornada, y muchos lo harán por la tarde. Y no estamos hablando de entrenamientos de veinte minutos al trote cochinero. Quien más quien menos se puede dejar alrededor de 1.000 calorías en una sesión.

Está claro que en estos casos nuestro cuerpo ha de recuperar. Y no va a ser con un poco de ensalada y un trocito de queso de Burgos.

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Hay que adelgazar muy despacio

 

No estamos hablando de dietas de choque, de esas de perder cinco kilos en una semana. No. Principalmente porque es algo insostenible y erróneo. De lo que estamos hablando es de que cuidando la alimentación y manteniendo estable nuestra carga de entrenamiento, es posible que la pérdida inicial sea más rápida de lo que podríamos esperar. Al fin y al cabo hay un proceso de limpieza en nuestro cuerpo.

En un estudio llevado a cabo por el International Journal of Behavioral Medicine con 262 individuos, se demostró que aquellos que perdieron peso de forma rápida disfrutaron de una mayor pérdida de peso y de mantenimiento que aquellos que lo hicieron de forma más lenta.

Hay que tener en cuenta que el punto psicológico también incide: será más fácil continuar con las pautas sanas si vemos los efectos en el corto plazo, que si es un proceso más sutil.