Los triatletas somos tipos -y tipas, claro- duros. Nos dan igual la lluvia, el frío, el sol pegando en nuestro cogote. Hay que entrenar y punto. Pero a veces, solo a veces, nos sale la vena más sensible y no podemos evitar soltar unos cuantos lagrimones… ¿Cuándo? En momentos muy concretos

Tu primera entrada (chispas) en meta

Todos recordamos nuestra primera entrada en meta, o nuestro primer larga distancia, todo el esfuerzo que supuso y la de veces por el camino en que dijimos “madre de dios, no vuelvo a hacer ésto”. Pero afortunadamente -todos- nos sobrepusimos y seguimos y terminamos cruzando el arco de meta.

En ese momento, en ese momento en que nos ponen una medalla y nos mandan para la zona de recuperación, a ponernos finos a donuts, pinchos de tortilla y pasta con verduras, toda la tensión acumulada aflora. Afloran de golpe todos los entrenamientos en silencio, con frío, con demasiado calor o en soledad y aunque seamos los tíos más duros sobre la faz de la tierra, a lo Chuck Norris, lo pasamos a lágrima viva.

Y bien orgullosos, joder.

Un vídeo motivacional

Foto: AP // Marco Garcia

Foto: AP // Marco Garcia

Aquí en Planeta Triatlón sabéis que somos muy de tener referentes, y que los vídeos motivacionales son una herramienta cojonuda para cuando estamos de bajón, o sin ganas de entrenar, o buscamos un referente. Pero a veces nos pasamos con la fibra sensible y nos ponemos a llorar como niños de cinco años.

Pero claro, las historias de Jon Blais o del Equipo Hoyt… tienen lo suyo.

Cuando te lesionas tres semanas antes de la prueba

Esta es jodida. Muy jodida. Porque es fruto de la impotencia y la rabia. Eso sí que te hace llorar pero bien y no que te metan palillos bajo las uñas. Y encima, en soledad, cuando estás solo en casa y te caen los lagrimones como a una magdalena, y no se lo puedes explicar a nadie porque nadie te entiende y te considerarían un niño si lo explicases…

 

Ver a tu hijo participar en su primer triatlón

El orgullo, eh… Esa satisfacción de ver a tu hijo disfrutando de la misma afición que tú, y que encima lo hace bien. Porque madre, como le dé por subir al podio, la llorera paternal puede ser de escándalo…