Uno de los mayores problemas de nadar en aguas en abiertas es la orientación. Se trata del peaje más caro que nos toca pagar a muchos triatletas (sobre todo a los novatos) cuando nos tiramos al mar. Y es que muchos de nosotros acabamos haciendo metros de más y viendo como la línea que traza nuestro GPS es digna de cualquier laberinto de película; como la capacidad de algunos para orientarse bien en aguas abiertas. ¡Cuánto echamos de menos la línea del fondo de la piscina!

La desorientación nos lleva a perder tiempo en el agua y el hecho de salir de un segmento de 750 metros o 1500 metros con más tiempo del esperado nos supone una frustración. Aquí cuatro consejos sencillos y fáciles de aplicar para que puedas mejorar tu orientación durante un triatlón.

Toma un punto de referencia

Cuando vamos hacía dentro tenemos las boyas (y nada más) para orientarnos. Sin embargo, una vez pasada la segunda boya, cuando giramos para volver, no contamos con un elemento de referencia concreto. En ocasiones encontramos en la salida del agua es un arco hinchable, sin embargo es muy probable que se nos pierda entre los edificios o la multitud y eso nos hace desorientarnos.

Buscar un punto de referencia más destacado facilitará la orientación. Un edifico alto a pie de playa, una enorme palmera o una montaña al fondo situada en línea con el punto de salida son buenas opciones para guiar nuestro camino.

Respira bilateralmente

Al principio nos supone toda una lucha. La mayoría de nosotros estamos acostumbrados a nadar respirando únicamente por nuestro «lado bueno» y cuando tratamos de respirar por el contrario parece que nos fuéramos a ahogar. Respirar bilateralmente hace que traguemos agua al principio, además tenemos la sensación de que nos falta el aire hasta que no nos habituamos. Pero además de evitar descompensaciones musculares o favorecer el rolido en ambos sentidos, respirar a ambos lados mejora nuestra orientación, ya que nos permite tomar referencias a izquierdas y derechas.

Si vamos en un grupo, por ejemplo, y acabamos situados en uno de los lados, es posible que nos veamos que está ocurriendo en el otro costado. Podemos perder el grupo y alejarnos de la trayectoria. Respirar a un lado puede suponer un problema también en caso de oleaje, imagina que las olas llegan por tu lado, ¡a tragar agua!

Levanta la cabeza cada diez brazadas

Para poder orientarse hay que mirar, sí o sí. Tenemos que sacar la cabeza del agua y estudiar la situación una y otra vez: ver dónde estamos, dónde está la boya, quién tenemos al lado, si hay un grupo cerca. Más aún si nuestro sentido de la orientación o nuestra técnica es mala, deberemos de ajustar la trayectoria constantemente. Por eso es importante hacer ejercicios en piscina en los que saquemos la cabeza y trabajemos la orientación, así estaremos habituados cuando llegue el momento de hacerlo en el mar.

Estudia el recorrido antes de saltar a nadar

Es importante tener el recorrido interiorizado, sobre todo la situación de las boyas y más concretamente los ángulos de la trayectoria. No es lo mismo salir de la playa hacia una boya que se sitúa justo al frente que hacerlo hacia una que queda a la derecha. A veces el giro de una boya hacia otra no es de 90 grados, si no que es más cerrado y de camino a esta nos percatamos que vamos demasiado fuera.

Hacer una correcta visualización del recorrido y estudiar la posición concreta de las boyas, así como las posibles corrientes, ayuda a orientarse bien en aguas abiertas.