En competición no te libras: ya sea triatlón de corta distancia, ya sea triatlón de larga distancia, el sufrimiento siempre está presente. Y unos piensan que hay que asumir una medida concreta de sufrimiento, y otros que para mejorar, hay que superar determinados límites. Sea como sea, todo se mide a través de pulsómetros y potenciómetros que nos dicen si nos estamos pasando de la raya o no. ¿Y si entrenásemos sin ellos? ¿Si nos dejásemos llevar por las sensaciones? ¿Serían nuestros entrenamientos igual de efectivos?

Ventaja #1: Tú decides

Los triatletas nos podemos dejar llevar muy fácilmente por la tecnología, hasta llegar a niveles de que, si nos quedamos sin batería en el garmin, podemos dar por finalizada una sesión de entrenamiento. Si en cambio nos dejamos llevar por las sensaciones, nos sentiremos más libres, redescubriendo placeres que empiezan a quedar en lo más recóndito de nuestra memoria, como puede ser lo de entrenar simplemente por entrenar, acumulando kilómetros. A veces esto va de divertirse.

Ventaja #2: Cualquiera puede hacerlo

Entrenar por sensaciones es válido para novatos y para triatletas experimentados. De hecho puede ser la manera más útil de empezar a entrenar en este deporte. Bueno, en este, y en cualquiera. Además la tecnología está muy bien, pero por desgracia los precios de algunos dispositivos les hacen poco accesibles para el público en general. Sin pulsómetro podemos utilizar en cada sesión el Índice de Esfuerzo Percibido, que puede ser casi tan válido para saber como ha sido una sesión que analizar con detenimiento las pulsaciones alcanzadas.

Ventaja #3: Nos puede salvar de más de una lesión

Entrenar por sensaciones nos lleva a controlar en cada momento la percepción de cuanto esfuerzo podemos asumir, así que nuestro propio cuerpo controla cuáles son los límites que no podemos superar. Por tanto, seremos nosotros mismos quienes evitaremos pasar límites que pueden terminar en lesiones.

Ventaja #4: Se puede combinar con la tecnología

Sí. David Hume tenía razón: “Quien tiene el saber tiene el poder”, y cuanta más información podamos tener de nuestros entrenamientos, mucho mejor. Pero puede que consigamos esta información a posteriori. Por ejemplo: ¿quieres controlar las pulsaciones en una sesión de ciclismo? Lleva el pulsómetro en uno de los bolsillos de tu maillot, y guardarás los datos sin tener que estar atento a ellos.