Según informa el periódico belga De Tijd, más de cuatrocientos mil belgas recibieron ventajas fiscales por ir a trabajar en bici a lo largo de 2015. El Ministro de Economía, Johan Van Overtveldt proporcionó todos estos datos la semana pasada tras una pregunta de Georges Gilkinet, del partido ecologista.

La medida concreta consiste en que los trabajadores pueden deducir en su declaración de la renta el importe de la bicicleta comprada, así como los costes de mantenimiento. Desde 2011, las cifras de belgas que van a trabajar en bici se ha incrementado en un treinta por ciento, desde los 314.000 hasta los 406.000.

Además las empresas pueden deducirse el importe de la bicicleta si son ellos quienes se la compran al trabajador, y si deciden pagar a los trabajadores por ir en bicicleta, se pueden deducir hasta 0’22 euros por kilómetro.

Esta medida supone un coste para la administración pública de casi 93 millones de euros, casi treinta más que en 2011. En cuanto a las distancias, mientras en 2011 los trabajadores recorrían una media de 944 kilómetros al año, en 2015 eran 1.045 kilómetros.

Para que nos hagamos a la idea (que estamos dando muchos números): para alguien que esté a quince kilómetros de su trabajo, a 0,22 euros por kilómetro y unos 210 días trabajados, le supone un ingreso anual de 1.386 euros.

Más todo lo que se ahorra en gasolina, en atascos y en mala leche.