Que el hombre no está hecho para nadar, es un hecho. Que el cuerpo humano se ha ido adaptando al medio acuático con el tiempo y se ha hecho cada vez más hidrodinámico, también es cierto. Lo que está claro a estas alturas es que cuanto menos manotazos y resistencia al agua hagamos, mejor nos deslizaremos. Por eso, cuanto menos rozamiento exista en la parte delantera de tu cuerpo (cabeza y tronco), menos resistencia creas, lo que te permitirá deslizarte mucho más rápido por el agua, a pesar de no estar diseñados como los peces para desplazarnos lo más eficientemente posible.

Existen muchas maneras de salpicar agua cuando nadas: movimiento de la cabeza, entrada de la mano, ángulo de la mano, entrada de aire por la boca, rotación del cuerpo, solo por nombrar algunas. Nadaremos mejor cuanto menor sea la superficie frontal del cuerpo en nuestro desplazamiento a través del agua, evitando cualquier movimiento innecesario. Controlando todos estos puntos que hemos mencionado e intentar hacerlo de manera suave y fluida es la clave para generar un hábito al que hay que acostumbrarse poco a poco si queremos nadar más rápido y mejor.

Gregorio Paltrinieri

Foto: Instagram // Gregorio Paltrinieri

Seguro que a todos nos resulta bastante fácil nadar sin salpicar apenas agua cuando estamos descansados durante el primer largo de entrenamiento, pensando en cada uno de los movimientos que hacemos con nuestro cuerpo. Pero son muy pocos los que pueden mantener esa técnica tan depurada cuando el cansancio empieza a hacer mella e intentan nadar rápido. Pero no hay que perder nunca la esperanza y es algo que podemos entrenar para evitar ese chapoteo tan poco energético que algunas veces vemos entre triatletas a medida que avanzan los metros. Es cuestión de tomarnos nuestro tiempo durante el calentamiento o enfriamiento para practicar esa brazada controlada sin apenas salpicaduras.

Cuanto más lo entrenes y practiques, tu cuerpo recordará mejor lo que significa nadar de esa manera. No obstante, aquí van cinco claves para nadar con una resistencia baja y sin salpicar agua:

  1. El cuerpo tiene que estar alto en el agua, manteniendo la cadera y las piernas lo más cerca posible de la superficie. Para ello, ejerce presión sobre tu core y sobre tu pecho, en una postura recta y muy compacta.
  2. La parte superior de tu cabeza apunta hacia donde quieres ir, y se queda ahí fija, sin moverse. Imagina que hubiera un láser en la parte superior de tu cabeza que choca con la pared opuesta. El láser no debe moverse, incluso en el momento de la respiración.
  3. La entrada de la mano en el agua debe ser silenciosa, sin chapoteo ni salpicar agua, no debe haber sonido en el agua.
  4. Extiende tu mano hacia adelante como si fuera una extensión de tu columna vertebral. Mantener el brazo fuerte y recto a medida que lo extiendes, te permitirá deslizarte por la piscina.
  5. El cuerpo gira rápidamente de un lado a otro. Para eso, utiliza tus caderas y tu core para rotar. No utilices tu cabeza y tus hombros.

Como dijo Bruce Lee, “be water my friend”. Cuanto más fluida y silenciosa sea nuestra natación, más fácil será movernos a través del agua.