La entrada de hoy va dedicada a todas esas 40.000 personas que ayer decidimos, una vez más, acabar el año corriendo la San Silvestre Vallecana, una carrera mítica a nivel internacional y que la hace única. Queda en la memoria aquella primera edición de la prueba disputada en 1964 con tan solo 57 personas. Hoy, la San Silvestre se ha transformado en una carrera diferente. Unos corren disfrazados y con amigos. Para otros es su primera carrera. Algunos intentan batir su propia marca personal y otros salen a ganar.

Seguramente, si llevas más de una década corriéndola, habrás vivido las diferentes transformaciones por la que la prueba ha pasado desde el punto de vista del corredor. Nos han cambiado ya alguna que otra vez de patrocinador, la salida también ha experimentado algunos cambios hasta que se decidió fijarla en la calle Concha Espina, como está en la actualidad. El caso es que todos los años se juntan una serie de pensamientos en torno a esta prueba que hoy quiero compartir con vosotros para terminar el año y empezar 2019 con buen pie.

El horario y la climatología

La verdad es que la San Silvestre es de esas carreras complicadas en cuanto a horarios y alimentación. Uno está acostumbrado a entrenar a primera hora de la mañana, al mediodía o ya de noche. Pero ponerte a calentar a las 5 de la tarde para salir a fuego a las 17:30 es algo a lo que el cuerpo no acaba de acostumbrarse. El resultado, unos llegan muertos de hambre porque han comido a las 12, otros llegan con el turrón en la boca porque acaban de pegarse un atracón en casa para recargar hidratos que se les van a salir por las orejas en el primer kilómetro.

Eso por no hablar de la climatología que acompaña a cada una de las ediciones de la prueba. Hemos vivido granizadas épicas, agua a cántaros justo antes de la salida en 2017, y este año nos ha tocado una edición calurosa, para variar. Ayer corrimos con 13 grados durante los 10 kilómetros en el momento de la salida, algo inusual en esta época del año y que es de agradecer para un 31 de diciembre.

Los tiempos de entrada al cajón

Ya estamos igual un año más. Que si fulanito ha hecho 40 en Aranjuez o que si menganito hizo 38 en la carrera de las aficiones. Que si no es justo porque las aficiones es todo bajada y no deberían homologar su tiempo para la Sansil. Esto es un clásico en la recogida de dorsales que va más allá de la pura envidia de tiempos entre corredores. Supone que, siendo una carrera que gusta correr con tu grupo de amigos o entrenamientos, al final cada uno sale en un cajón diferente. Esos momentos preliminares de la carrera, donde te pasas casi media hora parado mientras dan la salida y no los vas a poder vivir con los tuyos… ¡vaya! Al final, o los que tienen mejores tiempos se pasan al cajón de los menos rápidos, o la Sansil termina siendo una prueba como cualquier otra.

Y lo que más gracia me hace es que un año más, volvemos a la misma situación. ¿Para qué tanto control de tiempos si el sistema falla? Dan el pistoletazo de salida, te pones a subir Concha Espina y la gente lleva ritmos muy diferentes a las marcas que supuestamente han acreditado. Si vas a correr en menos 42 minutos no puedes subir los primeros metros de la carrera parado y entorpeciendo a los que vienen detrás. Llegas a Serrano y aquello es un embudo en el que no hay manera de pasar, ni por las aceras este año. En fin, que si se hacen las cosas bien, deberían estar mejor controladas.

La seguridad para acceder a los cajones

Este punto me ha llamado mucho la atención en las últimas ediciones. Ni que fuéramos criminales cuando entramos en los cajones, un despliegue de personal de seguridad hay allí que ni en un control policial. Dado el volumen de gente que se agolpa para intentar entrar en la zona de salida a pocos minutos de dar el pistoletazo, las avalanchas de gente que se llegan a formar son cuanto menos importantes. Si a eso le sumas un exhaustivo control de acceso, verificando la calidad de las pulseras que lleva cada uno, la realidad es que te llegas a sentir casi como un delincuente que ha falsificado su marca para poder correr una carrera.

Ayer volvió a suceder lo mismo, nada ha cambiado respecto a años anteriores. Embudos de acceso colapsados a menos de diez minutos de empezar la prueba, donde la gente acaba entrando casi por encima de los responsables de controlar los accesos. Yo creo, sinceramente, que este punto se podría mejorar sin ninguna duda.

Cuando te pasa Batman

Ya hemos conseguido meternos en nuestro cajón de acceso, hemos estado veinte minutos parados esperando la salida, y por fin, dan el pistoletazo. ¡A correr! Sales a todo lo que das en la cuesta de Concha Espina para intentar llegar colocado al giro de noventa grados en Serrano, que no es moco de pavo. Bajas despendolado, por las aceras para ganar tiempo si no puedes adelantar por la calzada, y finalmente, desembocas en la zona ancha de Serrano. Qué bien, ya notas que puedes coger tu ritmo y no ir pasado de pulsaciones, ya es cuestión de regular y llegar con fuerza a la subida final que pone a cada uno en su lugar. Y, de repente, ves cómo te pasa un corredor disfrazado de Batman que apenas puede traspirar del peso que lleva encima, con capa y máscara, y que lleva un correr ágil y en progresión. Es la San Silvestre, ¡la carrera más divertida del año y hay que pasarlo bien!

“Es la última vez”

Esta frase es un clásico cuando uno se ve rodeado de una muchedumbre de 40.000 corredores de la que no puedes escapar y en una carrera donde cada vez todo es más complicado. He obviado el tema del precio de la inscripción, que sé que es tema de debate en muchos círculos, pero al fin y al cabo la organización de una prueba así requiere mucha infraestructura que no siempre vemos los corredores desde fuera y que hay que pagar.

Desde luego, no es una carrera cómoda, de eso no hay ninguna duda. Salir y llegar en diferentes puntos de Madrid, la logística en general de la carrera, y el horario a mitad de tarde hacen que muchas veces uno piense para sí, “es la última vez que corro esta carrera”. Pero algo tendrá de mágico la San Silvestre cuando desde hace más de veinte años, no me pierdo ni una de sus ediciones.