¿Estás contento con como has nadado la última temporada? Yo no. Como un día me dijo Emilio ML, hago muchos metros, pero no tengo la sensación de ir cómodo. Y qué queréis que os diga, considero que para un triatleta nadar cómodo y de manera eficiente es fundamental. ¿Pero cómo conseguirlo? Ahí van cinco preguntas que todos deberíamos hacernos para mejorar nuestra natación.

¿Qué he hecho para ir más lento en la piscina?

Hay que hacer un poco de acto de reflexión y analizar qué es lo que falla. Cada uno tendremos nuestras razones: quizás ir a pocas sesiones de entrenamiento, quizás hacer pocos metros, quizás no dedicarle el tiempo suficiente a la técnica… Vete tú a saber. Lo que es seguro es que alguna razón hay. El truco está en ser consciente de que existen, y tomar la decisión de, en la nueva temporada, erradicarlos.

¿Qué he aprendido que funciona?

De igual manera, algo habremos hecho bien, puntos de nuestro entrenamiento con los que estamos contentos. Todos nos conocemos en mayor o menor medida, y sabemos qué hábitos tenemos. Principalmente por eso, porque son hábitos que repetimos con cierta frecuencia. Así que igual que hemos de eliminar aquello que hasta ahora fallaba, tenemos que tratar de reforzar aquello que sale bien. ¿Lo mejor? Poner las cosas buenas y las cosas malas en un papel. Por escrito siempre es más sencillo.

¿Es mi estilo de vida fuera de la piscina reflejo de lo que me pasa en el agua?

Lo que pasa dentro y fuera del agua está, aunque no lo creáis, bastante relacionado: si duermes poco por una mala gestión del tiemmpo, o comes poco, o comes demasiado porque estás estresado, esto se va a ver reflejado después en tus sesiones de entrenamiento en el agua.

Así que echa un vistazo a cómo es tu día a día, y trata de sacar conclusiones. Si te das cuenta de que hay algo que no funciona, trata de repararlo.

¿Quién me puede echar una mano?

Todos tenemos personas de referencia en todos los aspectos de la vida: en primer lugar tenemos a nuestros amigos, a nuestras parejas, que nos ayudan en el día a día. Y en el trabajo, tenemos esa persona de confianza que nos echa una mano, que sabe más que nosotros, y que nos enseña procedimientos y maneras de hacer las cosas cuando no sabemos. Pues en el agua también. De quien está a nuestro alrededor en la piscina, ¿hay algo que podamos aprender?

Preguntémosles, ¡no pasa nada!

Si tuviese diez minutos más de entrenamiento, ¿qué podría hacer para sacar el máximo rendimiento?

Quizás diez minutos no parezcan mucho, pero pueden ser magníficamente aprovechables y además, nos ayudan a no despistarnos del objetivo: si en cada sesión dedicamos ese periodo de tiempo a algo concreto, avanzaremos mucho, porque mejoraremos o la técnica, o la resistencia, o quizás la velocidad. En una sesión es posible. Imagina cómo puede cambiar el cuento con tres sesiones a la semana, cincuenta y dos semanas al año.

Son muchos “diez minutos” aprovechados, ¿verdad?