Completar la We ride Flanders, la versión cicloturista de la Ronde Van Vlandereen, reconozco que me marcó. Ver en directo el saludo vikingo con el que Amberes recibió a Tom Boonen, reconozco que me marcó. Ver a su lado como los vecinos de Lokeren, pueblo que vio nacer a Greg Van Avermaet, le jalonaban viendo a través de pantallas gigantes como el de BMC quedaba segundo tras Philippe Gilbert, reconozco que me marcó.

Por eso, y por otras muchas cosas, creo que cualquier amante de la bicicleta debería participar en una cicloturista en Flandes al menos una vez en la vida.

Los tramos de pavé

Pedalear por adoquines es incómodo, molesto, incluso a veces es un puro dolor de brazos y piernas. Pero hay que vivirlo. Es como cruzar la meta de un Ironman. Sobre adoquines se han escrito las páginas más gloriosas del ciclismo, del actual y del que vieron nuestros padres. Sobre el pavé de Patenberg Peter Sagan lanzó su ataque definitivo en 2016, sobre el pavé de Kalenpurg Philippe Gilbert cimentó su victoria de 2017, sobre el vetusto empedrado de Koppenberg se han escrito historias e historias de este deporte. ¿Quién necesita puertos habiendo pavé?

Ver en directo la pasión que tienen por este deporte

Si hay un país en el que el ciclismo es una religión, ese es Bélgica. Valones y flamencos adoran este deporte por igual, con la misma pasión, entrega y fervor, y entre ellos y sus ciclistas hay la misma rivalidad que puede haber en España, Italia o Argentina por un partido de fútbol.

Para un flamenco Tom Boonen es su Messi. Para un valón, Philippe Gilbert su Cristiano Ronaldo. Y como muestra, un botón:

Comerte un gofre el día siguiente de haber competido

El día después de jarrearte una clásica por Flandes, que ninguna baja de 170 kilómetros, puedes comerte lo que te dé la auténtica gana. Entre nosotros, da igual que el azúcar refinado de un gofre esa malo. Nos lo hemos ganado en cada pedalada, en cada adoquín de Carrefour de l’Arbre, en cada muro de la Ronde Van Vlandereen.

Y vive dios que en ningún sitio hacen los gofres como aquí, seamos francos.

La cerveza y las patatas fritas

No es solo el gofre. Son las cervezas belgas y sus patatas fritas. Calorías vacías por un lado e hidratos de carbono encharcados en aceite por otro. En otro momento sería una bomba para nuestro estómago, una licencia nutricional completamente prohibida. Pero cuando haces una clásica… Da igual

Contarlo en el trabajo

Como dice Albert Boix: “Una vez que haces una clásica en Bélgica te deberían empezar a tratar de usted”. Porque te licencias. Porque pasas a un estado distinto de tu vida deportiva. Porque al contarlo puedes hablar de la épica, de la liuvia, del pavé de marras, del barro en cada recoveco de tu bicicleta, del polvo manchando tu cara, de las pulsaciones por encima del umbral y las gotas de sudor escalando Pattemberg.

Porque puedes hablar con la satisfacción de saber que tú tienes una clásica más que tus compañeros de trabajo.

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