Hace tiempo que llevaba dándole vueltas a este tema y me ha parecido buena idea compartirlo con vosotros, a ver qué pensáis sobre la obsesión que llegamos a tener muchos de nosotros por la forma física. Al igual que cualquier triatleta, corredor o ciclista, suelo entrenar una media de 6 días por semanas, y el día que no haces nada siempre te entran remordimientos de conciencia cuando ves el carril bici de tu ciudad como la Gran Vía en hora punta. Todo esto, lógicamente, lo tienes que compaginar con tu vida profesional, responsabilidades familiares, colegios, falta de sueño, reuniones, niños, exigencias personales, etc. Y no contentos con entrenar a primera hora de la mañana, a veces también decides doblar a la hora de comer sacrificando alimentación a cambio de serotonina.

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Consecuencia lógica: epidemia de lesiones a nuestro alrededor. Cada vez más gente compite en deportes de ultraresistencia, da igual el nivel con el que empiecen, todos quieren conseguir las mismas metas. ¿Cómo saber hasta dónde podemos llegar? ¿Cuál es el nivel adecuado para cada uno de nosotros? Aquí va esa famosa frase que todos hemos escuchado alguna vez y no queremos oír: “hay que saber escuchar al cuerpo”. Cuando el cuerpo pide descanso, debemos hacerle caso y bajar el nivel durante una temporada hasta que nos vuelva a dar indicios de que está preparado para asumir más carga. Normalmente esto suele coincidir con deportistas que entrenan a un nivel competitivo a nivel amateur y que se exigen unas determinadas marcas ya sea corriendo, en triatlón o en las míticas marchas ciclistas. ¿Te sientes identificado? ¿Nunca has salido a entrenar completamenta agotado sólo porque el planning te decía que te tocaba salir? Los músculos, tendones, ligamentos y articulaciones sometidos a mucha exigencia pueden acabar en roturas, tendinitis, esguinces y fisuras motivadas por el estrés.

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Esta moda social de obsesión por la forma física, este nuevo estilo de vida que se está imponiendo en muchos niveles de la sociedad no tiene en cuenta otro problema que es la oxidación corporal. ¿Cuántas veces te ha dicho tu madre eso de “hijo, cada día estás más feo y más chupado, ¿no estarás enfermo?” “Tienes una cara de agotado que no puedes con ella” “Parece que tienes 10 años más que tus amigos”. Todas estas lindezas de frases encierran algo de sabiduría y seguro que tu madre te lo dirá con todo el cariño del mundo. Porque al lado de tus orondos compañeros de promoción del colegio, probablemente seas tú el más delgado y con mejor cuerpo, pero también el más arrugado y chupado de cara. La explicación científica de este envejecimiento por exceso de radicales libres viene derivado del exceso de oxígeno que requieren los músculos durante el ejercicio. Por eso, intenta cuidar tu dieta todo lo que puedas y no olvides ser generoso con las vitaminas de frutas y verduras.

Esto que estás leyendo probablemente por un oído te entra y por otro te sale cuando tienes 20 años, es lógico, eres pura vitalidad y recuperas cualquier exceso de un día para otro. A los 30, el entrenamiento ya está arraigado en tu estilo de vida y no sabes vivir sin él. Y a los 40 entrenas para conservar la salud y la forma física que tan magníficamente te ha hecho llegar a esa edad.

¿Cuántas veces han salido grandes marcas después de una semana de descanso “obligado” por causas ajenas a nuestra voluntad? No te obsesiones con entrenar 7 días a la semana y escucha a tu cuerpo, que es quien más sabe.

Os dejo aquí una lista de 5 síntomas para detectar rápidamente cuándo empiezas a estar sobreentrenado y así poner remedio:

1. Levantarse cansado por la mañana. Una cosa es levantarse con la musculatura cargada del día anterior, y otra es sentirse cansado desde que pones un pie en el suelo, eso indica que algo estás haciendo mal.

2. Dolor generalizado y no localizado, síntoma de que a lo mejor estás entrenando con demasiada intensidad y no asimilas.

3. Continuas lesiones en rodillas y tendones producidas por la sobrecarga y el cansancio.

4. En invierno, no sales de un catarro y ya estás metido en otro, claro síntoma de que tu sistema inmunológico está trabajando al doscientos por cien y la bajada de defensas es un hecho.

5. Lo peor de todo, y aunque pueda parecer una paradoja: bajo rendimiento deportivo. Cuanto más entrenas, más lento y más cansado estás, cuando en realidad deberías estar muy fino. Aquí deben saltar las alarmas y dejar a un lado el sentimiento de culpabilidad de no salir a entrenar para descansar. Hazme caso, lo agradecerás.

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