El triatlón es un deporte maravilloso. Pero sacrificado que no veas, porque te obliga a renunciar a cosas que antes de él eran básicas en nuestra vida. ¿A vosotros no os pasa?

Al sofá

Hace años, uno llegaba de trabajar, se quitaba los zapatos al entrar en casa, la corbata al entrar al salón y se dirigía directo al sofá sin pasar por la casilla de salida. Plantaba los pies en la mesita, encendía la tele y así hasta la hora de la cena.

Ahora no. Ahora uno llega, se desviste a toda leche, se pone las mallas térmicas, la camiseta térmica, la gorra térmica, los calcetines térmicos (qué pasa, soy un friolero), las zapatillas de running, el portamóviles en el brazo, conecta la app deportiva de turno, el gps, da un beso a su señora y sale a entrenar. Y dice adiós al sofá que tanto nos echa de menos.

A dormir hasta las doce el fin de semana

Sin triatlón nuestra vida quizás no era tan divertida, pero posiblemente era más relajada. Yo recuerdo cómo disfrutaba las mañanas de sábado quedándome hasta las mil en la cama, hasta que me dolía la espalda de estar tumbado. Al final me levantaba, desayunaba tirado en el sofá (ese que ya no uso) y a eso de la una, más o menos, decidía despojarme del pijama, pegarme una ducha y bajar al mercado a comprar.

Obviamente nunca quedaba nada porque ya todas las señoras de bien habían esquilmado la carnicería, la charcutería y la pescadería.

Ahora no. Ahora los sábados suena el despertador a las siete de la mañana, casi a la misma hora que entre semana. Me calzo la ropa de ciclismo y salgo a darle zapatilla a la flaca hasta las doce, aproximadamente. Luego bajo al mercado y sigo sin conseguir una merluza en condiciones, pero no veáis que piernas se me están quedando…

A salir de fiesta los viernes por la noche

Lo de irse con los amigotes por ahí los viernes por la noche, queridos amigos, se ha acabado. Si hay que levantarse un sábado a las siete de la mañana, lo normal es a las once de la noche estar en la cama. A poder ser durmiendo. Si es para otras cosas, precaución que al día siguiente tienes mucha paliza sobre la bicicleta y necesitas disponer de todas las fuerzas.

Desde que practico triatlón, lo más que me permito los viernes es salir a cenar con mi santa esposa. Y a un italiano, que la recarga de hidratos es fundamental.

Al alcohol

Obviamente. Si ya salir de fiesta está olvidado, el tomarse una copa es más ilegal que la financiación de algún partido político en el levante español. Hace que no me tomo un gintónic ni me acuerdo. Y es que claro, son calorías vacías, que no llevan a nada. Y me vais a disculpar, pero otra cosa no, pero la dieta controlada, los triatletas la tenemos un ratito…

A los croissants rellenos de nutella

Hablando de la dieta: una vez comienzas a entrenar triatlón, ya puedes decir adiós a la comida basura: ni hamburguesas del McDonald’s, ni nachos con queso, ni pepitos de chocolate ni, ay amigo, croissants rellenos de nutella. Esas cosas son azúcar en sangre y el azúcar es algo a evitar como si fuese la lepra.

Solo se permite la ingesta de estas abominables creaciones del mismísimo diablo diez minutos después de haber acabado un triatlón, henchidos de satisfacción y sudorosos hasta dar asco. Ahí sí, ahí te puedes poner como el tito que la ventana de glucóneno es maravillosa…

A ahorrar

Yo antes de este deporte ahorraba. Os lo juro. Claro, también es cierto que no tenía que comprarme pulsómetros de cuatrocientos pavos, ruedas de mil, cascos de trescientos, dorsales de quinientos, zapatillas de cien… La verdad es que si no fuese triatleta posiblemente ya tuviera pagada la hipoteca.

Pero sería mucho más infeliz, dónde va a parar…