Los puntos de contacto con la bicicleta son básicos para mantener la comodidad adecuada como para aguantar el tiempo que teníamos previsto pasar pedaleando. El sillín, junto al manillar y los pedales, es posiblemente el más importante de los tres (los otros dos son el manillar y los pedales), dado que es sobre el que más peso recae.

Por tanto, tener un sillín incómodo puede ser el detonante de muchos problemas e incluso lesiones, dado que reduce considerablemente nuestra «diversión por pedalear».

Si sufres alguna sintomatología de este tipo, en la que el sillín te hace daño, tranquilo, no eres ni el primero ni el último. Ahí van seis potenciales causas de incomodidad. A partir de ahí, simplemente hace falta que pongas solución.

Un sillín equivocado

Un sillín es una pieza muy personal y a cada uno nos funciona de una manera. ¿Por qué? Pues porque cada uno tenemos una fisiología del coxis distinta y ejercemos una presión distinta sobre la zona, con lo que los sillines pueden variar considerablemente en todo lo referido a la forma, el acolchado, el diseño y el perfil.

Así que en primer lugar huye de las recomendaciones que te puedan hacer tus compañeros de grupeta. Ve a una tienda de bicicletas y que te enseñen los distintos modelos de sillín que tienen, y las distintas opciones.

Además, también influye si vas a hacer corta distancia o larga distancia. Para triatlón de larga hay ya modelos específicos, mucho más planos.

Esto es así porque tu posición en la bici influye en cómo te apoyas y qué puntos apoyas sobre el sillín. En una posición agresiva, aero, estarás apoyado principalmente en la punta del sillín, lo que ejerce más presión sobre el perineo, mientras que en una posición más relajada, de carretera, estarás más aliviado.

Un sillín desgastado

Los sillines hay que cambiarlos cada cierto tiempo. Están diseñados para soportar el peso de nuestros huesos, y si se desgastan, no estarán ejerciendo su labor correctamente. Además, el material externo, en contacto directo con nuestro cuerpo, está diseñado para evitar que nos resbalemos y para reducir la fricción contra nuestra ropa. Si está desgastado, invierte en uno nuevo urgentemente.

sillín

Foto: www.madegood.org

Una posición incorrecta

El sillín está diseñado para tener una posición horizontal, aunque puede su inclinación variar un par de grados -como mucho- en función de cada ciclista. Si lo tenemos demasiado inclinado hacia arriba estaremos ejerciendo demasiada presión innecesaria sobre el perineo. Y hay que tener en cuenta que esta es una zona vital para que llegue sangre a nuestro tren inferior. Además, iremos siendo empujados, por la mera inercia, hacia la parte más ancha del sillín, con lo que incrementaremos la presión sobre los isquiones.

Una badana equivocada

La badana también es una opción muy personal. No deja de ser la «barrera» entre los isquiones y el asiento, con lo que su textura y relleno son fundamentales en el impacto y la comodidad. Un relleno de espuma de baja densidad, que es el que tradicionalmente nos podemos encontrar en trimonos o coulottes baratos, va a hacer que a los pocos kilómetros estemos incómodos.

Así que ya sabes: cuando tengas que invertir en ropa nueva de ciclismo, comprueba que el relleno es lo más cómodo posible.

crema badana

Foto: www.roadcyclinguk.com

No utilizar crema para la badana

La crema para la badana está diseñada para actuar como una barrera entre tu piel y la propia badana, evitando el rozamiento. Sin ella, la piel sufre más los efectos de la fricción al pedalear, sobre todo cuando hay exceso de humedad o estamos sudando.

Si no la has probado, merece la pena.

La presión de las ruedas

El cómo hayas inflado las ruedas va a suponer que haya más o menos impacto contra el asfacto, y por tanto, más vibración que se ve transferida hasta el sillín. Así que recuerda poner la presión adecuada. Ni más ni menos.