Nadar mejor y más rápido pasa primero por tener una técnica impoluta. No hay mucho secreto al respecto. Podemos meter metros y metros de agua, que si nuestra técnica tiene errores que arrastramos, la mejora es mínima. Cuando competimos, intentamos que el ritmo de carrera sea el mayor posible. Como resultado, se nos olvida rápidamente que la forma más fácil de nadar más rápido es mejorar la técnica.

Ser técnicamente eficiente equivale a deslizar a través del agua con el menor esfuerzo posible. Significa crear menos resistencia. Y, en definitiva, significa ir más rápido por el agua.

El objetivo de hoy es tener en mente una serie de consejos para la próxima vez que practiques técnica en piscina.

Cambiar la técnica exige tiempo y repetición

Si de verdad te vas a tomar en serio mejorar la técnica de tu brazada y de tu natación en general, ten claro que no es algo que se consiga de la noche a la mañana. Este cambio requiere mucho tiempo y muchos metros de piscina para empezar a ver resultados y, lo que es más importante, que se interioricen.

Hacer técnica una vez, para una determinada serie, o para calentar los primeros 200 metros, no servirá de nada. Será la persistencia y las ganas que tengamos de mejorar, las que nos darán la clave de la evolución. Ah, y recuerda que los malos hábitos nadando tampoco se adquieren en un solo día, sino que vienen de lejos.

No es momento de competiciones

Ya sé que entrenar con nuestros colegas de la piscina es divertido, sobre todo cuando una va echando el resto para llegar el primero de cada serie, o al menos para no llegar el último. Hay entrenamientos y entrenamientos. Cuando se trata de saber quién es el más rápido, hay un entrenamiento específico. Y cuando se trata de hacer técnica, el planteamiento debe cambiar para poder centrarse en el objetivo, que es mejorar para nadar más rápido.

Así, que pasa de echar carreras con los compañeros de la calle de al lado, y céntrate en los ejercicios específicos en los que tienes que mejorar e interiorizar. Y preocúpate de que la técnica sea la misma en cada largo, terminando el último igual que el primero.

Pon a prueba de tu nivel de atención

Es complicado terminar con los malos hábitos nadando. Cuando llevamos semanas, meses, e incluso años haciendo una cosa de una determinada manera y de repente, queremos cambiarla, nos cuesta. Da igual que sea el recobro del brazo, una mejor entrada de manos en el agua o usas más rotación de cadera. Da igual. Lo nuevo entra en conflicto en ese mismo instante con lo que llevas haciendo hasta la fecha.

Cuanto más naturales, automáticos e interiorizados sean tus hábitos de natación, más concentración y tiempo te llevará cambiarlos. Por eso, es un trabajo bastante duro el que tenemos por delante, sobre todo, cuando estamos acostumbrados a no tener que pensar en nuestra técnica.

Cada vez que notes que estás volviendo a tus hábitos anteriores, pon atención e intenta volver a lo que has aprendido, aunque te cueste. Para eso estás entrenando técnica y no velocidad.

La constancia es la clave

Los cambios en la técnica son muy complicados porque normalmente suele haber un momento de caída en los resultados justo antes de empezar a ver mejoras. Por eso hay muchos nadadores que vuelven a las andanzas y retoman sus errores del pasado.

Por ejemplo, si eres un firme defensor de la respiración cada dos brazadas, entrenar la respiración bilateral será difícil a corto plazo, aunque los beneficios que puedas obtener de esta nueva respiración superen con creces el esfuerzo empleado.

Como resultado de la lucha interior que tenemos, nos gusta volver a lo que nos es cómodo y familiar, y es más fácil no luchar. Persistir y ser constante es la base de la mejora de la técnica en natación.

Confía en que tu natación mejorará

Cuando te ves nadando bien, es complicado entender la necesidad de cambiar tu técnica de brazada. Y si encima, empiezas a meter técnica y cambios e inicialmente nadas más lento, y más raro, para qué contarte. Y entonces es cuando te comparas con otros nadadores más grandes y más fuertes, que nadan como delfines incluso con una técnica mucho menos depurada que la tuya, pero ellos se lo pierden.

Ten confianza en todo el proceso de aprendizaje, ten fe siempre en tu entrenador y la mejora acaba llegando, de verdad de la buena.

Céntrate en mejoras concretas

¿Alguna vez te has planteado todo el proceso completo de técnica de natación?: entrada de las manos, colocación, flexión de muñeca, cabeza recta, sacar la cabeza solo lo suficiente para respirar, tobillos sueltos, giro de cadera, mantener el core fuerte, y así sucesivamente.

Si intentamos pensar en cada una de las fases de nuestra técnica de natación, el efecto conseguido sería el contrario, puesto que la cantidad de información que recibimos es abrumadora y nuestro cerebro no puede procesar tanta información clorada. Por eso, lo mejor es centrarse una y otra vez en un elemento técnico concreto ya sea por vuelta, series o entrenamientos. Además, cuando nos centramos en un aspecto concreto, el resto de nuestra natación se ve beneficiado sin tener que pensar en ello específicamente.

Las ventajas de mejorar técnica son muchas. Muchísimas. Serás un nadador más eficiente. Serás un nadador más rápido. Y tendrás una sensación de dominio y mejora.

Y para terminar… El tipo de natación que hacemos cuando buscamos mejorar técnica, cuando estamos centrados en ejercicios concretos de técnica en lugar de dejar vagar nuestra imaginación y pensar en las musarañas, hará que disfrutes más de la piscina. Prueba y verás.

Foto: natacionsindrafting

Fuente: swimswam