Esto del triatlón es muy bonito. A mí me encanta. Pero si soy sincero, si me lo dicen hace unos cuantos años, me lo hubiera pensado un poco más. Yo creo que no me leí la letra pequeña del contrato…

El precio de todo

A mí un día me dijeron: cómprate unas zapatillas para hacer deporte, vas a ver que te cambia la vida… Y joder, ¡tanto que me cambió!  Si tengo que pararme a pensar cuánto dinero he invertido en los últimos años en triatlón, la hipoteca de mi casa ya no sería parte de mi día a día. Dorsales, bicicletas, zapatillas de carrera a pie, zapatillas de ciclismo, aletas, gafas de sol, gafas de agual, más dorsales, más bicicletas…

¿Y lo felices que somos, eh?

Los madrugones de los sábados

Foto: www.successcycling.co.uk

Foto: www.successcycling.co.uk

¿Recuerdas aquella época en la que llegaba el fin de semana y te podías quedar acurrucado bajo el edredón tan ricamente, pensando en el desayuno pantagruélico que te estaba esperando en la cocina? Pues se ha acabado. En triatlón, cuando llega el fin de semana, llega el momento de agarrar la bicicleta y salir a hacer kilómetros como un descosido. Y nada de quedar a la hora del vermú: si puedes quedar con los colegas cuando comienza a amanecer, ¡mucho mejor!

El nuevo dialecto

Si decides hacerte triatleta, asume que tendrás que aprender una nueva jerga hasta ahora completamente desconocida. El running pasa a ser carrera a pie. La bicicleta, la flaca (sí, como la de Jarabe de Palo). A la piscina ya no vas a darte un baño, vas a hacerte unos largos. Las cenas de los sábados pasan a ser la recarga de carbohidratos.

Y seguro que tenéis amigos triatletas que utilizan términos similares. Id acostumbrándoos…

¿Dónde están los gintónics de los viernes?

Claro, si los sábados se sale a primera hora a acumular kilómetros y pedaladas… el viernes uno se va a la cama prontito, ¿no? ¡A ver si no quién aguanta el tute! Lo peor de todo es que serás tú mismo quien, de manera libre, autónoma y sin presiones de ningún tipo, digas “no, tíos, yo me marcho que mañana he quedado para salir con la flaca” . Y todo digno le darás un último sorbo a tu aquarius libre de azúcares, y te irás para casa. Dejando a todos con cara de “esto no nos está pasando”.

El cansancio

Foto: Getty Images // Adam Pretty

Foto: Getty Images // Adam Pretty

Ya lo dijo un día JuanP: un triatleta es capaz de acabar un ironman, pero luego tiene que pararse a coger aire subiendo unas escaleras. Y tiene toda la razón. Los triatletas podemos nadar tres mil metros y hacer una transición a tirada larga de carrera a pie (perdón, ya he avisado, hay un nuevo dialecto que aprender), pero luego el resto del día no nos tenemos en pie. Y es que nuestro cuerpo es muy listo: sabe los tutes que le metemos, y el resto del día está en modo ahorro de batería.

Así que ve acostumbrándote. Somos señores de 75 años en el cuerpo escultural de triatletas de 35.

El nuevo coche

Bueno, vale, lo mismo esto es pasarse...

Bueno, vale, lo mismo esto es pasarse…

Una vez empieces a hacer triatlón, te darás cuenta de que ese familiar cinco puertas con climatizador, abs laterales, gps, cámaras de visión trasera y bluetooth que compraste hace dos años pensando que era el coche definitivo porque entraba más de sobra la sillita de bebé, pasará a ser “ese trasto en el que no entra la bicicleta”. De pronto, tu nuevo será hacerte con una furgoneta. ¿Una furgoneta? ¡Pero cómo voy a querer una furgoneta, por dios! ¡Si son un trasto! Ya, pero entra la bici -¡perdón, la flaca!- sin tener que desmontarla.

¿No te lo crees? Tú termina tu primer triatlón, y en un año hablamos…