Ser triatleta es fácil. Una vez que llevas pruebas y más pruebas disputadas. Mientras tanto… hay ocasiones en que nos desesperamos, aunque nos parecen completamente normales. A nosotros y al resto de los triatletas. Pero solo a quienes lo practicamos. Al resto de mortales, les parecen raras de narices.

A veces nos da miedo nuestro propio deporte

Te tiras meses entrenando en una piscina de veinticinco metros con el agua cristalina y corcheras que te separan de tus compañeros. Y de pronto llega el día de la competición y te encuentras en medio de un lago en el que te van a dar patadas, muchas patadas. Y empiezas a ponerte nervioso, muy nervioso.

Quitarse el neopreno mientras vas corriendo por una alfombra

Y hay piedrecitas debajo. Y has salido del agua como un pato mareado pero ves una pancarta y tú tiras hacia ella. Y con una mano vas buscando la cuerdecita del neopreno en el aire, sin encontrarla. Y diez metros después, haciendo contorsionismos, la agarras y tiras y empiezas a desnudarte. Como si nada.

erik merino natureman natación

Foto: Erik Merino

Encontrar la bicicleta en la T1

Vale. Has nadado. Has salido. Te has logrado quitar parte del neopreno y ahora queda… ¡Encontrar la bicicleta! ¿En qué fila estaba? ¿Era aquella? ¿Esa otra? ¡Joder, que tengo prisa!

Y eh, que aún te queda sacar las paticas del neopreno mientras te pones el casco, ¡que no es moco de pavo!

Coge agua de los avituallamientos como los profesionales

Que no se nos olvide que somos populares, que no nos va la vida en esto. Pero vamos acoplados en la bicicleta, cortando el viento, y llega el avituallamiento y nos acercamos al voluntario de turno, estiramos la mano con precisión y agarramos un botellín de agua sin apenas haber bajado los watios. Y adelante.

El mareo de las piernas en la T2

Te bajas de la bicicleta, comienzas a correr… Y tus piernas son de gelatina. Somos Chiquito de la Calzada versión moderna. Los dos primeros kilómetros del segmento de carrera a pie son la muerte. Pero ahí seguimos, como si no pasara nada. De lo más normal.

¿Cuándo es el siguiente?

Te has mareado, has sufrido, te duelen las rodillas, te falta el resuello, sólo quieres parar… Pero llega la meta, levantas las manos, gritas, recoges tu medalla y preguntas lo de siempre: ¿para cuando el siguiente?