Ya hemos hablado muchas veces de que los triatletas somos gente vista, por los que no practican este maravilloso deporte, como bichos raros. Somos esas personas que se pasan el día entrenando, que van a lo suyo, que se levantan a las seis de la mañana…

Hasta que en una comunión o en una boda nos hacen compartir mesa con uno de ellos y entonces aprovecha para ametrallarnos con todas esas preguntas que se le habían acumulado en la cabeza a lo largo del tiempo. Había oído hablar de ti en reuniones familiares, y hoy es su oportunidad de saciar todas sus dudas.

Qué, ¿entrenando mucho?

Si. Un desconocedor del triatlón parte de la base de que trabajamos, entrenamos, dormimos y repetimos al día siguiente. Así ad infinitum. Y que en nuestra vida no hay resquicio para absolutamente nada más.

Para responder hay dos opciones: o ser monosilábico, con un sí o un no, lo cual puede provocar que el resto de la velada sea un auténtico coñazo, o meterte en el papel y contar absolutamente toda tu rutina semanal.

Nosotros abogamos encarecidamente por la segunda opción. Pongámonos un objetivo para el resto del banquete: que ese hombre salga preparado para retransmitir las series mundiales mano a mano con Pablo Dapena.

¿Y qué prueba vas a hacer ahora?

El hombre se gusta. Ahora que ya sabe que dedicas tres días a la semana a la natación, que haces dos salidas en bicicleta aparte de darle al rodillo como si no hubiera mañana y que martes y jueves entrenas la carrera a pie, el hombre quiere saber con todo lujo de detalles tu calendario de esta temporada.

Pues nada, aparta el tenedor del plato y cuéntale que sprints y olímpicos estás preparándote. Llegados a este punto sé bondadoso y aprovecha para explicarle qué diferencia hay entre las distintas distancias. Que para él, posiblemente, un sprint es lo que hace Cavendish para ganar una etapa del tour y un olímpico pues Rafa Nadal, por ejemplo.

Foto: Niggel Roddis // Getty Images

Foto: Niggel Roddis // Getty Images

Y esos, como se llaman… Ironman… ¿has hecho alguno?

Espera, que llegamos al plato fuerte (bueno, de la conversación, que de la comida tú aún no has probado ni la guarnición). El ironman. Ese mito. Sí, porque para quien no hace triatlón un ironman es como la quintaesencia, como el summum. Como algo que hacen once personas y que, joder, si preparas un ironman… ¿Será para ganar, no?

En este momento de la conversación puede que se genere un primer problema. Tu compañero de mesa ya habrá cogido confianza y como se te ocurra decirle que no, que no has hecho un ironman, te puede venir con aquello de “ah, joder, yo pensaba que eras bueno en ésto”. Esta es una frase que a todos los triatletas nos sienta como una patada en la entrepierna pero con la que hemos de convivir. Es como los entrenamientos de transiciones: no gustan, pero hay que pasarlos.

Jan Frodeno

Foto: Delly Carr

Buena bici tendrás, ¿no?

A ver, ante esta pregunta sí que te puedes crecer un poco. Porque para él una bici buena es una de btt del Decathlon de las de seiscientos euros. Saca el móvil, hombre, sácalo. Enséñale ese pedazo de cabra que te gastas. Esa Canyon Speedmax (hola, señores de Canyon, ¡estoy aquí para lo que necesiten!), o esa Scott Plasma, o esa BH Aerolight…

Que vea tus fotos acomplado. Y que cuando le digas que la cabra cuesta con todo montado ocho mil euros, se reconcoma por dentro y te ponga muy muy a parir aunque por fuera esté sonriendo.

Yo conozco gente que es capaz de decir “valientecabrón” sin apenas mover los dientes. Os lo juro.

¿Y tienes que seguir algún tipo de dieta en concreto?

Pues sí, la verdad es que sigues una dieta. Como la de la cena: pasaron los entremeses y no los probaste, pasaron las croquetas y contando tu plan para esta temporada no pudiste catarlas. Y pasó el pescado y te lo retiraron apenas desmigándolo.

Y ha llegado el lechazo y ahora sí que no. El lechazo que no te lo quite ni dios. Pregúntale por sus aficiones y que cómo ve el futuro de Guardiola en el Manchester City, y que te deje un poco en paz.