¿Vuestra pareja hace ciclismo? ¡Consideraos afortunados! ¡Qué daría yo por una pareja a la que le gustase practicar el mismo deporte que a mí!

Pasaríamos más tiempo juntos

Uno de los mayores problemas que nos encontramos quienes practicamos ciclismo o triatlón son las horas que tenemos que emplear en entrenar, tanto los días de diario como los fines de semana. Y claro, que corremos el riesgo de que nos pongan un jerol de mil demonios cuando volvemos de una sesión con los colegas de 150kms.

Si mi pareja hiciese ciclismo, saldríamos juntos, entrenaríamos juntos, nos cansaríamos juntos… Todo juntos. Hasta el amor.

Estaríamos más coordinados en cuanto a dietas

En casa, ahora mismo, tenemos un descontrol de la hostia, hablando mal y pronto. Con los volúmenes de entrenamiento que llevo, devoro. Y sin medida. En cambio, mi señora está enfocada en una boda que tiene a finales de mayo y está con dieta estricta. Claro, a la hora de preparar las comidas es un descojone, porque no coincidimos en ningún plato.

Si entrenásemos juntos, las comidas serían auténticos festivales pantagruélicos.

Tendríamos excusa para viajar los fines de semana a la montaña

La frase “cariño, ¿y si cogiésemos el coche el fin de semana y nos fuésemos a la montaña?” adquiriría un significado completamente distinto. Imaginaos: levantarse el sábado a las seis de la mañana, meterse dos horitas de coche y luego tener toda la mañana a nuestra disposición para hacer una tirada larga por puertos, cambiando cada dos por tres de plato cogidos de la mano.

¡Eso sí sería amor verdadero!

No tendría que mentirle sobre el precio del material que compro

“Si me muero, nunca dejéis que mi mujer venda la bici por el precio que le dije que me costó”.

Esa frase tan de meme ciclista sería cosa del pasado. Si mi pareja le diese a la bicicleta igual que yo, estaría perfectamente al tanto de las novedades: que si nuevo cambio Di2, que si las nuevas vielas de SRAM o esas ruedas Zipp que cuestan ojo y medio de la cara.

¿Te imaginas los regalos de reyes? ¡Se acabarían las corbatas y los calcetines!

Entendería la diferencia entre cabra y bici de carretera

“-Necesito una cabra. -Ya tienes una bici, cariño, no te hace falta ninguna más.”.

Otra conversación que quedaría para recordar como de aquel tiempo pasado en que solo uno de los dos hacía deporte. Si mi pareja hiciese ciclismo, no habría dos bicicletas en casa. Habría cuatro. Las dos suyas, y las dos mías. Y si nos diese por la BTT, pues seis bicis en casa…

Vale, sí, lo mismo nos dejaríamos un señor presupuesto, y necesitaríamos un nuevo trastero… Pero París bien vale una misa…

No protestaría porque estuviese tanto tiempo en whatsapp

“-Quieres dejar el móvil, Paco? -Perdona, es que estoy con los de la grupeta, que estamos organizando la salida del sábado… -Todo el día con el móvil te tiras, de verdad”.

Si mi pareja hiciese ciclismo, ella también estaría en el grupo de whatsapp de las salidas en bici, con lo que entendería perfectamente las horas y horas que nos tiramos hablando con los compis. Es más, podríamos comentar juntos todos los memes y fotos que recibimos.

Por no hablar de que podríamos estar en el sofá, mirando el móvil, con la televisión puesta en Teledeporte y con la Lieja – Bastón – Lieja en diferido, y no pasaría absolutamente nada.

Ay, qué bonita sería la vida si mi pareja hiciese ciclismo…

Foto de portada: John David Becker