Si hay una persona que es importante en la carrera deportiva de cualquier triatleta, ya sea un GGEE que corre a seis minutos el kilómetro, ya sea uno que opta a ganar el oro en unos juegos olímpicos, es la de su entrenador. Porque si no tienes entrenador, deberías tenerlo.

Pero tener entrenador personal en triatlón es como tener pareja: es una persona en la que tienes que confiar, a la que tienes que creer cuando te dice las cosas y que aunque duela, te las dice por tu bien. ¿Qué querría un entrenador que supiésemos, y a veces él no nos dice? Ahí vamos:

1.- A veces un mal entrenamiento simplemente es eso, un mal entrenamiento. A menudo tratamos de sacar conclusiones de todo lo que competimos y entrenamos, y si algo sale mal, nos comemos la cabeza. Incluso tratamos de encontrar el punto de vista positivo. Pero es que a veces las sesiones de entrenamiento que no salen como preveíamos hay que olvidarlas sin más, y punto. Y que no intoxiquen nuestro próximo entrenamiento.

Foto: globalsportcoach.com

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2.- Siempre va a haber alguien más rápido que nosotros: Vale, si eres Gwen Jorgensen quizás es complicado, pero para el resto de los mortales, posiblemente sí se cumpla. Y tenemos que asumirlo. Y no pasa nada. Simplemente valora los días en los que estés arriba del todo, si llegan.

3.- Lo que haces cada día, importa mucho más que lo que no haces: para esto, no hay nada mejor que recordar el acojonante vídeo de Michael Phelps para Under Armour.

4.- Paso a paso: posiblemente seas una persona ansiosa. Nos pasa a muchos. Pero con esto del triatlón hay que ser muy consciente de que las cosas vienen dadas poco a poco, con lo que vamos aprendiendo y practicando cada día. Así que si él insiste en entrenar una técnica concreta, aunque te parezca aburrida: hazle caso.

Foto: Flickr // navsan75

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5.- Eres capaz de dar más: nosotros creemos conocer nuestros límites, pero nuestro señor entrenador los conoce mucho mejor que nosotros, por eso nos aprieta.

6.- Las excepciones generan más excepciones: imagina que un día dices “hoy me salto la última serie, que por un día no pasa nada”. Ay, amigo. El próximo día, te costará mucho menos saltártela. O un entrenamiento. Bah, por un día… Cumple lo que te prepare cada semana, aunque no te apetezca. Es el camino.

7.- Está bien luchar: a veces pensamos que no vamos a llegar a las cosas, que el esfuerzo no merece la pena. Pero no es así: el esfuerzo siempre merece la pena. Así que cuando estés a punto de desfallecer en un entrenamiento, recuérdalo: si luchas, estarás más cerca del objetivo.