Existe un vicio bastante pernicioso entre los padres deportistas que es tratar de que sus hijos primero les emulen y posteriormente les superen y alcancen la élite. En triatlón, también. El año pasado, en medio del curso de entrenadores, lo vi de cerca, en un compañero cuyo hijo comenzaba a despuntar en la disciplina y él quería formarse, sobre todo, para sacar más del chaval. No digo que esté mal, pero como un día le oí a Antonio Rivas, Profesor de Tecnología en Actividad Física y Deporte en INEF, muchos de los triatletas que despuntan como juniors se quedan posteriormente por el camino. Salvo el caso de Mario Mola, que en 2009 fue campeón del mundo junior, muy pocos de sus coetáneos están ahora mismo en la élite, lo cual da que pensar.

Sea como sea, si un padre sueña con que su hijo le dé a esto del triatlón, ha de ser muy consciente de que hay unas pautas a cumplir y que este no es un deporte al uso. Si bien hasta hace unos años lo normal (y lo que nos ha pasado a la mayoría de los actuales grupos de edad) es haber practicado en la juventud una de las tres disciplinas, ahora nos encontramos con triatletas que ya comienzan desde jóvenes a practicar específicamente triatlón, con tiempos realmente espectaculares, tanto en los tres segmentos como en algo tan inherente al triatlón como son las transiciones.

Tomando como base el trabajo de Javier Mon, Licenciado en C.C. de la Actividad Física y el Deporte, habría que tener en cuenta una serie de puntos:

En primer lugar, “el entrenamiento con niños ha de entenderse como un entrenamiento preparatorio que sirva para el posterior desarrollo del futuro, en donde se ofrecen tanto las formas motrices multifuncionales como las específicas del deporte por preparar”. Es decir, mediante el ejercicio, y siempre desde su vía más lúdica, hay que lograr dejar un gran huella motriz más que un incremento acelerado del rendimiento. No podemos olvidar que sobresaturando al niño, perderemos al futuro deportista.

Erwin Hahn, en su libro Entrenamiento con niños, diferencia tres etapas:

  1. Entre los ocho y los diez, cuando se produce un aumento de la coordinación dinámica general.
  2. Entre los diez y los doce, cuando comienza a mejorarse la coordinación.
  3. A partir de los doce, recomienda iniciar la sistematización del entrenamiento (una vez alcanzada la madurez infantil).

No obstante, no hay consenso generalizado: otros autores como BurtonShurr y Khephart hablan de los siete años como edad en la que puede comenzarse a entrenar. Sea como sea, sí que hay unanimidad en el enfoque que se ha de tomar respecto al entrenamiento: tal como indica Carolina Mora, Licenciada en Ciencias de la Educación y Educación Física y Deportes, un buen entrenamiento conlleva que el niño adopte el triatlón como un estilo de vida, de ahí que tanto padres como entrenadores tengan que trabajar para enfocar positivamente el ambiente de entrenamiento, celebrando las victorias de otros, fomentando el espíritu de equipo, y apoyando a los compañeros independientemente de los resultados. Todos queremos tener triatletas con éxito, pero primero hemos de procurar tener hijos.

Por otro lado, no hay que olvidar en ningún momento que a un niño no se le puede entrenar con planes de adultos, ni aun siendo adaptados. Su entrenamiento ha de ser específico, divertido, y sin sobrepasar los límites físicos. La natación ha de ser la disciplina que antes se comience a practicar y aprender: es, de las tres, la que más trabajo de coordinación requiere, aparte de que tiene poco impacto muscular y mejora la capacidad aeróbica.

En el ciclismo, se recomienda una o dos prácticas a la semana:

  1. Una enfocada a detalles técnicos (montaje y desmontaje, aprender a utilizar el piñonaje correcto, guardar la distancia entre bicicletas e ir en grupo, equilibrio).
  2. Una de rodaje.

En este sentido, es interesante la propuesta que plantea Antonio Som, de la Federacion Andaluza de Ciclismo, en su trabajo La enseñanza del ciclismo de base mediante el juego.

Por último, para la carrera a pie: dos sesiones serían suficientes, en terreno suave: una de resistencia, y otra que combine técnica y fortalecimiento.

Y luego están las transiciones, claro, que a estas edades, son básicas, porque son lo que más acercan a los chavales al terreno competitivo.