Hay días en que las cosas no salen: o estamos más fatigados de lo normal, o más perezosos, o simplemente, no tenemos el día. Cada vez son más los deportistas -ya sean triatletas, ya sean ciclistas- que se toman los entrenamientos muy en serio, y el ver que una sesión no sale como esperaban puede afectarles más de lo esperado.

Hace unos días hablábamos de lo innecesario que era darlo todo en cada entrenamiento, así que hoy nos vamos a centrar en analizar qué podemos sacar en claro de los días en que las cosas no salen como preveíamos.

Toma un descanso técnico

Estás haciendo series -de carrera a pie o de ciclismo- y ves que eso no funciona. No estás tirando como otros días. Los factores que pueden provocarlo son muchos: desde una mala recuperación -poco sueño, mala noche, demasiado cansancio acumulado- hasta condiciones climatológicas que no habías tenido en cuenta: el calor puede hacer que nuestro tiempos empeoren hasta un quince por ciento.

¿Qué hacer en situaciones así? Así de primeras, parar. Detente porque no hay nada peor para un entrenamiento que estar pensando negativamente, te estresa y te nubla.

Si tras cinco minutos de coger aire las sensaciones son iguales, marcha a casa, o si prefieres continuar, haz un rodaje cómodo que sirva para regenerar. Cambiar el planteamiento in situ no es pecado, e incluso puede llegar a ser beneficioso. Descansar y reiniciar todos los sensores de tu cuerpo te vendrá bien. Coge aire fresco.

¿Y si quizás estás sobreentrenado?

Uno de los primeros síntomas del sobreentrenamiento es no poder completar las sesiones tal y como tenemos previsto. Analiza cómo están siendo tus últimas semanas y si has hecho más de lo que tenías planificado. Si es así: no acabar la sesión no es «tirar la toalla», es empezar a construir para recuperar el tiempo perdido.

Y eso comienza por descansar lo suficiente.

En este sentido nuestra recomendación es clara: ten un buen control de los entrenamientos que acumulas. La versión gratuita de Training Peaks te va a facilitar saber el TSS de cada sesión, y con una tabla excel vas a poder sacar fácilmente el dato de las últimas 42 jornadas -las que se toman tradicionalmente como referencia- y saber exactamente si estás sobreentrenado o no.

Quítate la presión de encima

Los días malos suelen venir dados más que por resultados reales, por sensaciones que tenemos nosotros mismos. Esperas entrenar de una manera, lo haces realmente de otra, y tú mismo te autoimpones o exiges un mayor rendimiento. En estos casos, prueba a no fijarte en el reloj, a simplemente disfrutar del entrenamiento. Incluso, si quieres, replantea las series que tenías que hacer. Cambia a una tirada larga. Recupera el gusto por entrenar.

En este sentido, yo recomiendo incluir entrenamientos dentro de la rutina semanal en los que no lleves reloj, o pulsómetro, ni ningún otro terminal que te aporte datos. Te ayuda a desconectar y limpiar la mente de presiones tontas.

Dentro de este aspecto, otro buen remedio ante el hecho de «darle demasiadas vueltas a la cabeza» es entrenar en grupo. Si tienes la posibilidad de al menos en el calentamiento ir charlando, a la hora de afrontar el bloque de intensidad lo haras menos presionado.

Marca objetivos dentro del propio entrenamiento

Ya hemos dicho en otras ocasiones que los grandes retos a largo plazo son lo que nos hacen tener ganas de entrenar, pero los objetivos a corto son lo que realmente dan consistencia. Pues bien, dentro de un entrenamiento en el que las cosas no funcionan, trata de marcar pequeños objetivos que te quiten la cabeza de aquello que no te está gustando, y a medida que los logres, te ayuden a encontrar de nuevo el camino.

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