Probablemente Matt Miller no tenía que haber sobrevivido al terrible accidente de bicicleta que sufrió en noviembre de 2008. El por aquel entonces estudiante y triatleta de 20 años  de la Universidad de Virginia, chocó de frente contra un Porsche que venía en sentido contrario cuando salía en bici con sus compañeros, impactando de pleno contra su cara.

Matt Miller se rompió todos los huesos de la cara, perdió todos sus dientes y sufrió un traumatismo cerebral severo. Afortunadamente, la primera persona que pudo atenderle fue un anestesista, que supo cómo colocar su cabeza. Esa fue la primera de una serie de afortunadas circunstancias que le permitieron llegar con vida al hospital, donde los médicos le dieron pocas posibilidades de sobrevivir 72 horas, al menos sin daño cerebral permanente.

Para asombro de todos, 25 días después, Miller recibía el alta del hospital y dos años más tarde terminaría Ironman Cozumel en 10h30. Cuando Matt compitió en Ironman Cozumel en 2010, su intervención no estuvo exenta de miradas de propios extraños. Acostumbrados a ver por allí las últimas novedades en cascos aero, no era normal ver a un triatleta con un casco de enduro que le ayudaba a cubrir no solo la cabeza, sino cara y barbilla. Pero su historia y el motivo por el que estaba allí era diferente a la del resto de competidores seguro.

Matt Miller

Foto: Ironman

Al empezar en la Universidad de Virginia, su intención era la de nadar para el equipo de la NCAA de la escuela. Poco después se dio cuenta de la exigencia que suponía compatibilizar sus estudios universitarios con el rigor del deporte a ese nivel. Lo que antes era divertido, ahora se había convertido en una carga. Fue justo en este momento cuando algunos amigos le invitaron a probar el triatlón. El hecho de probar tres disciplinas diferentes se le hacía mucho más atractivo que la rutina de nadar y nadar. La pasión de la que todos sus amigos le hablaban sobre este deporte le tenía más que intrigado. Parecía divertido. “Los atletas que compiten en este deporte son los competidores más apasionados”, dice Miller. “Creo que por eso tanta gente se engancha a este deporte después de su primera carrera.”

Y Miller estaba enganchado. Poco después de su primer sprint se apuntó al Club de Triatlón UVA. Era un fijo en los entrenamientos de equipo, especialmente en una ruta ciclista de 135 kms por las famosas Blue Ridge Mountains de Virginia. Sería en esa salida en 2008 cuando su vida iba a cambiar para siempre. Mientras bajaba, Miller perdió el control de su bicicleta, cruzando la línea central de la carretera y chocando de frente contra un coche.

“Una de las muchas cosas buenas que me han pasado es que no recuerdo el accidente”, dice Miller. “Realmente, no recuerdo nada desde unos minutos antes de que ocurriera el accidente hasta aproximadamente una semana después, cuando estaba lo suficientemente estable para salir de la UCI en el Centro Médico de la Universidad de Virginia”.

Durante esa semana, nadie sabía si Miller viviría. La cara del joven fue la parte más afectada por el impacto, y todos los huesos estaban rotos. Les llevaría horas de cirugía reconstruir los fragmentos de huesos, nervios y músculos de su cara. Después de salir de la operación, Miller fue sometido a un coma inducido médicamente durante casi una semana para aliviar la inflamación del cerebro.

La recuperación parecía que iba a ser muy larga, los médicos estaban convencidos de que pasarían años antes de que volviera a ser el de antes. Pero el objetivo del joven de 21 años no era solo recuperarse, sino volver en plenitud de facultades.

“Decidí muy pronto, después de mi accidente, que quería hacer un Ironman”, dice Miller. “Pensé que esto sería buena seña de una recuperación total.” Al principio, los médicos no lo veían claro, pero cuando Miller se fue recuperando poco a poco, le animaron a que empezara a nadar, andar en bicicleta y correr de nuevo. Tres meses después del accidente, Miller estaba ya metido en la piscina nadando 100 metros libres en 59 segundos. Empezó con la media maratón de Charlottesville, corriendo en 1:27:28. En otoño de 2009, terminó en el puesto 28 de los 2.500 participantes en el triatlón nacional de Washington.

En 2010, menos de dos años después de su accidente casi mortal, Miller logró su objetivo en Ironman Cozumel, utilizando su casco especial que le protege la cara completamente para proteger la fragilidad ósea en cara y cráneo y terminando en 10 horas y 30 minutos.

Matt Miller

Foto: Team USA

“El día del Ironman fue increíble”, dice Miller. “Pensé en la gente que me había ayudado a llegar hasta aquí: Mi familia, amigos, médicos, enfermeras y restoi de personal médico, y tantas personas que habían estado ahí cuando lo necesitaba, todos pasaban por mi cabeza y fue su recuerdo el que me hizo llegar hasta el final.”

Años después , Miller rindió homenaje a los que salvaron su vida haciendo lo mismo por los demás. En el Centro Médico de la Universidad de Virginia, el mismo hospital donde estuvo en coma, Miller completó su residencia médica en cirugía de cabeza y cuello. Continúa entrenando y corriendo, compitiendo en un triatlón cada año para celebrar la vuelta a la vida.

Fuente: teamusa