Hace unas semanas Canyon, la marca alemana de bicicletas, sacó a la luz una campaña con Patrick Lange. 101 la llamaron. El titulo hacía referencia a los ciento un segundos que el triatleta de Bad Wildungen necesitaba para bajar de las ocho horas en Kona, tras la impresionante lección que dio en 2017, batiendo el récord vigente hasta encontes, del australiano Craig Alexander.

A priori parecía una hazaña como el #breaking2 que Nike promovió en mayo del año pasado con Eliud Kipchoge, más de cara a la galería y una muy buena acción de marketing, pero sin embargo, tras 39 años de Campeonato del Mundo de Ironman el pasado sábado Lange logró superar su marca en nada más y nada menos que en nueve minutos y un segundo, lo que son 541 segundos. El alemán bajaba de las ocho horas y lo hacía con rotundidad, estableciendo en Kona la vigésimosegunda marca más rápida de la historia de la distancia, decimoquinta si quitamos Roth del listado y nos quedamos únicamente con pruebas Ironman.

¿Tanto se mejora de un año para otro? Según indican triatletas que han participado, el segmento ciclista contó con la ventaja del viento a favor durante gran parte de su recorrido. Así lo atestiguan los ritmos a los que tanto profesionales como grupos de edad rodaron en los últimos kilómetros. De hecho que Daniela Ryf fuera capaz de rodar a los mismos ritmos que el propio Lange o que Gómez Noya atestigua que este año, a misma cadencia, se pudo ir más rápido.

Braden Currie, el primero en quejarse

Pero también han surgido desde la celebración de la prueba dudas sobre si Lange actuó correctamente. Sin querer desmerecer cómo gestionó la carrera -a tenor de como corrió y cómo lo hicieron sus rivales más directos, hubiera ganado de cualquier manera-, hay críticas a cómo disputaron el segmento de bicicleta él y su compatriota Andreas Dreitz, que curiosamente lo hace también con los mismos colores, los del Erdinger Alkoholfrei Triathlon. «Espero que Patrick le esté pagando bien, porque Dios, era bastante asombroso«, dijo Braden Currie a una cadena de radio neozelandesa esta semana.

El quinto clasificado esta última edición ha sido de los primeros en pronunciarse al respecto. «Dreitz se puso al frente y se mantuve siempre firme» se lamentó. «Se notaba cómo Patrick le iba controlando como si llevase unas cuerdas: tranquilo un poco, sigue empujando, sigo aquí, estamos bien…»

Desde el punto de vista del último ganador de Ironman Cairns, para Patrick la carrera fue mucho más sencilla. «Andreas fue al frente e hizo todo el trabajo«.

No es la primera voz que se queja de la actitud de Patrick en la bici. Ya antes otros compañeros, y compatriotas, habían dicho que el ya dos veces Campeón del Mundo flirtea con los doce metros. De hecho en 2016, cuando terminó en tercera posición, tuvo que parar en un penaltie box cinco minutos por drafting. En esta ocasión podría parecer que la estrategia fue distinta.

Pero la mejora en el rendimiento es innegable. Mientras otros triatletas especialistas en el segmento como Cameron Wurf mejoraron su rendimiento con respecto a 2017 en poco más de tres minutos, Patrick mejoró en casi trece. Quizás eso explique en gran medida el tremendo éxito en meta.

¿Qué dice la normativa al respecto?

Según apunta Triathlete Magazine, Ironman modificó esta temporada el punto 2.02 de su reglamento, el referido a asistencia. Hasta este año, se especificaba que «un atleta no puede subordinar sus ambiciones de carrera únicamente para el beneficio de las ambiciones de carrera de otros atletas. La pena por esto será la descalificación de ambos atletas».

Sin embargo, para esta edición, el mismo epígrafe está más desglosado, diciendo: «Los atletas que compiten en la misma carrera pueden ayudarse entre sí con artículos incidentales tales como, pero no limitados a: nutrición y bebidas después de un puesto de socorro, bombas, neumáticos, cámaras de aire y kits de reparación de pinchazos«.

Continúa: «Los atletas no pueden proporcionar ningún artículo de equipamiento a un atleta que compite en la misma carrera si esto resulta en que el atleta donante no pueda continuar con su propia carrera. Dicho equipo incluye, pero no se limita a: zapatos, bicicleta completa, cuadro, ruedas y casco. La pena por esto será la descalificación de ambos atletas«. Por último, y quizás lo parecido a lo que había hasta el momento, «a menos que el Director de Evento preapruebe lo contrario, ningún atleta causará intencionadamente el progreso físico hacia adelante de otro atleta en ninguna parte del recorrido durante la Carrera. La pena por esto será una descalificación«.

Parece claro que ni Lange ni Dreitz actuaron de manera ilegal, pero otra cosa es hacerlo acorde a lo que la filosofía Ironman promueve: ser un deporte individual. Del agua ambos salieron con apenas veinte segundos de diferencia, y después disputaron todo el segmento ciclista juntos, con Dreitz remontando en la primera parte de la carrera para alcanzar la cabeza. ¿Hubiera sido todo igual si Patrick Lange hubiera tenido que hacer el esfuerzo de llegar a las posiciones de liderazgo por sí mismo? ¿Subordinó Dreitz su carrera para ayudarle? ¿Tendremos tácticas de equipo también en Ironman ahora, como se las veíamos a los hermanos Brownlee en ITU?

Posiblemente, de manera explicita, nunca lleguemos a saberlo…