Que el deporte es beneficioso para la salud cardiovascular ya lo sabemos todos. La cantidad de ejercicio se correlaciona inversamente con el desarrollo de factores de riesgo cardiovascular y con la mortalidad por enfermedades cardiovasculares y cáncer. Tanto es así que un estudio comparativo del pronóstico a largo plazo de una amplia muestra de participantes del Tour de France frente a la población general, observó que los deportistas tenían una mortalidad el 41% inferior, tanto por cáncer (44%) como por enfermedades cardiovasculares (33%).

Efectos del deporte en el sistema cardiovascular

Las adaptaciones cardiovasculares al entrenamiento son:

  1. Aumento del volumen sistólico o cantidad de sangre que el corazón es capaz de bombear en cada latido.
  2. Disminución de la frecuencia cardiaca, tanto en reposo como en ejercicio de intensidad submáxima.
  3. Adaptaciones estructurales del corazón o corazón de atleta: Aumento del volumen de las cavidades cardiacas (dilatación) y del grosor de sus paredes (hipertrofia)
  4. Aumento y mejoría de la irrigación sanguínea del miocardio.

El gasto cardiaco es la cantidad de sangre que el corazón es capaz de bombear por minuto y depende de la frecuencia cardiaca y el volumen sistólico, el bombeado en cada latido. Ambos factores aumentan durante la práctica deportiva.

Durante el ejercicio intenso, el volumen sistólico puede llegar a duplicarse, si bien en personas no entrenadas dicho aumento es muy poco evidente, en los deportistas en buena forma es considerable y sigue elevándose hasta alcanzar su máximo a niveles de esfuerzo comprendidos entre el 50 y el 60% del consumo máximo de oxígeno. A partir de este nivel de esfuerzo, el volumen sistólico se estabiliza hasta intensidades de ejercicio muy elevadas.

A su vez, el ejercicio físico produce una reducción de la frecuencia cardiaca en reposo que también se hace evidente durante el ejercicio físico en individuos entrenados, cuando la preparación se realiza a intensidades submáximas. Este fenómeno está directamente relacionado con el aumento del volumen latido. Si en cada latido se expulsa más sangre, el corazón no tendrá que latir tantas veces.

Entre los mecanismos de la bradicardia en reposo del deportista, se encuentra en primer lugar la regulación del sistema nervioso autónomo que da lugar a un aumento del tono vagal, pero también a una disminución de la propia frecuencia intrínseca del corazón y a factores genéticos propias de cada individuo.

Otra adaptación a largo plazo relacionada con la práctica de ejercicio físico continuada es el desarrollo del corazón de atleta, que se define como el compendio de alteraciones estructurales del corazón debidas a volúmenes de entrenamiento cardiovascular considerables durante mucho tiempo.

El volumen y tiempo necesarios para el desarrollo de dichas alteraciones estructurales es variable en cada individuo. Estas alteraciones son la dilatación de las cavidades cardiacas y un aumento del grosor de la pared o hipertrofia. De hecho, la dilatación de cavidades es uno de los determinantes más importantes para el aumento del gasto cardiaco. En los deportistas que realizan ejercicios de resistencia aeróbica predomina la dilatación y, tras muchos años de entrenamiento a alta intensidad, también aparece la hipertrofia parietal. La práctica de esfuerzos isométricos y deportes de fuerza producen cambios muy pequeños tanto en el volumen latido como en los espesores parietales, es decir inducen menos alteraciones estructurales y , si aparecen, predomina la hipertrofia más que la dilatación.

Otra adaptación beneficiosa que el ejercicio físico causa a largo plazo es la mejora de la circulación coronaria, que se debe, entre otros, al fenómeno de capilarización, que consiste en un aumento de la densidad capilar que es proporcional al engrosamiento de la pared miocárdica, con el consecuente aumento del flujo sanguíneo coronario. Además, el entrenamiento de resistencia también aumenta el calibre de los grandes vasos coronarios. También se producen adaptaciones funcionales como mayor relajación de las pequeñas arterias coronarias y/o producción de óxido nítrico por la propia pared arterial que es un potente vasodilatador coronario.

El Corazón de atleta

El entrenamiento regular induce en el corazón cambios estructurales adaptativos dirigidos a mejorar el rendimiento cardiovascular durante el ejercicio. Esta adaptación puede llevar a un aumento de la masa cardiaca de hasta el 20%.

A estos cambios estructurales adaptativos se les llama corazón de atleta y son cambios reversibles que desaparecen tras abandonar o reducir la actividad deportiva y no se ha demostrado que por sí solos aumenten el riesgo de muerte súbita en ausencia de otras enfermedades cardiológicas.

Dicho de otra forma, el deporte en sí mismo no es causa de muerte súbita, aunque sí puede -y de hecho es el factor desencadenante de muerte o eventos cardiacos graves cuando se padece alguna cardiopatía.

No todos los atletas desarrollan el mismo grado de adaptaciones estructurales ante el mismo volumen e intensidad de entrenamiento. Los factores genéticos tienen mucho que ver en esto. De ahí que un gran reto para los cardiólogos y médicos del deporte sea saber diferenciar la adaptación fisiológica o “buena” al deporte de la adaptación patológica o potencialmente peligrosa. También hay que ser capaz de diferenciar de enfermedades primarias del corazón que nada tienen que ver con la práctica deportiva.

La práctica regular de ejercicio físico como tantas otras variables biológicas, parece tener una distribución de «curva en J» en cuanto a la mortalidad se refiere. La mortalidad va disminuyendo a medida que aumenta la actividad deportiva hasta un límite, a partir del cual la mortalidad vuelve a aumentar igualándose o incluso superando al sedentarismo.

Este límite posiblemente viene marcado por el momento en el cual aparecen las alteraciones estructurales excesivas o la adaptación patológica  del corazón que desarrollan algunos atletas favoreciendo arritmias y otros eventos cardiacos, aún en ausencia de enfermedad cardiaca. Por lo tanto, el gran reto para los profesionales implicados en el seguimiento de los deportistas es identificar aquellos atletas cuya adaptación ha llegado al límite del bien y del mal, es decir, en los cuales la adaptación cardiaca al ejercicio se convierte en patológica y empieza a suponer un riesgo.

Ya hemos mencionado que no todos los atletas se adaptan de la misma manera al deporte. En este sentido es importante destacar que la mala adaptación cardiaca al ejercicio solo ocurre en un pequeño porcentaje de deportistas. ¿Qué es entonces, desde un punto de vista médico, lo importante? Identificar a las personas previamente sanas que sufren mala adaptación cardiaca durante la práctica de ejercicio y tienen mayor riesgo de una complicación cardiaca.

Esta detección pasa por hacer un reconocimiento médico cardiológico completo a todos los atletas que practican con asiduidad deportes de resistencia aeróbica (y los que leemos y escribimos en esta revista entramos en este colectivo de deportistas) que incluya una historia clínica y exploración física completas, un electrocardiograma y una prueba de imagen, ecocardiografía o resonancia magnética.

Las pruebas de imagen también servirán para detectar cardiopatías estructurales no relacionadas con el deporte que sean causas potenciales de muerte súbita. No hace falta decir que, si la prueba de imagen revela que la adaptación empieza a ser patológica, el único remedio posible será reducir drásticamente la actividad deportiva. Si lo que se detecta es una cardiopatía congénita, la solución será la retirada total y definitiva del atleta del mundo del deporte. Cada caso deberá seguir las directrices de su facultativo. Como asidua al deporte de larga distancia y médico, sé lo difícil que resulta apartarse de él pero no olvidemos que para la mayoría de nosotros, el deporte es una afición, una pasión, o lo que queráis pero nuestra prioridad debe ser siempre la integridad física y la vida antes que el triatlón.

La muerte súbita del deportista

La muerte súbita es la situación más grave que puede desencadenarse durante la actividad física. No nos extenderemos en este tema puesto que ya lo tratamos largo y tendido en otros artículos de esta revista.

El cribado de deportistas tiene por objetivo identificar a las personas que pueden tener mayor riesgo de complicaciones asociadas al ejercicio y prevenirlas mediante actuaciones individualizadas.

En personas menores de 35 años, la principal causa son las cardiopatías congénitas con alteraciones estructurales o eléctricas detectables mediante ecocardiografía y electrocardiograma. Por encima de esa edad las causas más frecuentes son la cardiopatía isquémica o enfermedad coronaria detectable mediante prueba de esfuerzo y la adaptación patológica al deporte.

Por lo tanto, el reconocimiento médico previo a la incorporación al mundo del deporte y el seguimiento de los deportistas con alta carga de entrenamiento son imprescindibles y, puesto que en la mayoría de competiciones de triatlón de larga distancia y federaciones de triatlón no exigen el reconocimiento médico para inscribirse o federarse, la responsabilidad de que éste se realice recae única y exclusivamente en el atleta, es decir, en ti.

Se dice que más vale prevenir que curar…. Y, dado que la muerte no tiene cura, la prevención es lo único que nos queda.