Algún día, dentro de muchos años, los que hemos visto la etapa de hoy de la Vuelta podremos decir con orgullo: «yo lo vi en directo». Porque la etapa de hoy es de las que quedan en la retina, de las que guardamos en ese baúl de los recuerdos ciclistas donde tenemos a buen recaudo la contrarreloj de Luxemburgo de Induráin, las Paris Roubaix, el oro de Olano o la escapada de Perico Delgado.

Alberto Contador logró hoy el final soñado para la carrera de cualquier ciclista: decir adiós al profesionalismo con una victoria en L’Angliru, una de las subida más exigentes, míticas y deseadas del mundo, con sus rampas imposibles que llegan hasta el 23’5%. Y hacerlo desde abajo, atacando desde las primeras curvas, sufriendo y adelantando uno a uno a todos los ciclistas que estaban por delante.

El de Pinto se despedirá mañana del ciclismo de élite después de haber dado un auténtico espectáculo a lo largo de las tres semanas de la Vuelta, atacando en todas y cada una de los puertos importantes de la ronda española, y con el broche de oro de lo que ha hecho hoy en Asturias. Ya ganó aquí en 2008, y ayer ya avisó: «estoy más fuerte ahora que cuando comenzó la vuelta«.

A meta ha llegado roto, casi sin fuerzas, pero lo ha celebrado por todo lo alto y fiel a si mismo, disparando.

Podrá retirarse, pero de nuestro corazón no se irá nunca.

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