A principio de la etapa le pedí ayuda y me dijo que no. Cuando Miguel Ángel López atacó me la pidió él y le dije obviamente que no”. Así hablaba Simon Yates, actual líder de La Vuelta, en lo alto de los lagos de Covadonga al finalizar la etapa reina de este 2018, ganada por el francés Thibaut Pinot.

A poco menos de tres kilómetros hemos visto a través de las imágenes de televisión una de las escenas de más relevancia de lo que llevamos en esta edición. El colombiano Miguel Ángel López, líder de Astana, se marcha en búsqueda de Pinot y de abrir unos cuantos segundos con el resto de favoritos. Nadie va detrás de él. La responsabilidad era de Nairo Quintana, pero una vez más el de Movistar rehuye el trabajo y prefiere mirar para otro lado. Yates se pone en cabeza, le mira y le comienza a hacer ostensibles gestos con la mano para que colabore.

Nairo no solo hace caso omiso, si no que busca a Alejandro Valverde, que acaba de pegarse la paliza padre para enganchar con el grupo, para que sea el murciano quien tire.

Ya dijimos en su momento que Nairo, posiblemente el escalador con más talento que han podido emerger dentro del pelotón en los últimos veinte años, corre el riesgo de convertirse en un ciclista mediocre y sin carisma. Si continúa por los derroteros de ceder la responsabilidad a otros, demostrará que no está capacitado para ser líder.

Ocurre de manera recurrente. No sabemos si es falta de seguridad en sí mismo o meramente dejadez, pero por una razón u otra siempre prefiere que sean otros los que cierran el hueco, o los que dicen “aquí estoy y hoy hemos venido a intentarlo”. Está claro que la calidad la tiene: atesora un giro de Italia y una Vuelta a España, así que ya ha demostrado en al menos dos ocasiones que es mejor que el resto.

Los aficionados españoles en una gran mayoría no pueden con él, pero tampoco pueden franceses, italianos y británicos. Pero con un acicate: si por algo se caracteriza el ciclismo es que es un deporte en el que no importan las nacionalidades, importa el espectáculo.

Si evitamos caer en el error de ser hooligans de sofá que sí se dejan guiar por los colores de las banderas –quienes, somos conscientes, nos van a atizar de lo lindo en los comentarios de este artículo- tenemos muy claro que a Nairo Quintana hay que exigirle más. Hay que exigirle porque otros compatriotas suyos han demostrado que para rendir en la montaña no hace falta tratar de ahorrar las máximas fuerzas: el propio Miguel Ángel López, o Esteban Chaves, o incluso Egal Bernal han sido aplaudidos allí donde han ido porque han demostrado que, si se quiere, se puede dar espectáculo del bueno.

Y Nairo parece que no quiere ir por el mismo camino. Él a lo suyo.