Esta madrugada Australia se hacía con el oro en la prueba de relevos mixtos de triatlón de los Juegos de la Commonwealth, con Inglaterra segunda y Nueva Zelanda tercera.

La prueba, disputada por cuatro triatletas -dos chicas y dos chicos- bajo las distancias de 250 metros de natación, siete kilómetros de ciclismo y uno y medio de carrera a pie final, es pura adrenalina. A nivel televisivo puede ser una de las que más interés genere para el espectador. Y los datos así lo corroboran. En los Campeonatos del Mundo de Triatlón por relevos de 2015, disputados en la localidad alemana de Hamburgo, la audiencia de la prueba alcanzó los 1,49 millones de espectadores, 400.000 más que la prueba de las Series Mundiales que se disputaba ese mismo fin de semana.

Por razones de este tipo desde la ITU lleva años tratando de potenciar la disciplina con la intención de lograr que el triatlón tenga más visibilidad en los medios. Marisol Casado, presidenta de la federación internacional y miembro del COI, siempre se ha mostrado favorable a reducir la duración de la competición de cara a hacer el deporte más atractivo para las audiencias de televisión.

 

La intensidad a la que se compite –Matt Hausser y Jonathan Brownlee han sido capaces de correr esta madrugada su 1.500 en 4:08- y la emoción del momento de la posta entre triatletas -con la intensidad a la que se vive el salto al agua- hace que en pantalla sea una prueba muy dinámica, más si cabe que la prueba de distancia sprint. Además, frente a pruebas de distancia olímpica que suponen dos horas de competición, en los relevos hablamos de menos de una hora y veinte minutos -Australia ha necesitado 1:17:36 para hacerse con el oro- en los que no hay momento para el aburrimiento.

Está claro que los relevos mixtos tienen todos los ingredientes necesarios para consolidarse en el futuro, más si cabe si tenemos en cuenta que en Tokio la prueba ya será olímpica. tal como se confirmó en junio de 2017. Teniendo en cuenta que solo entre ocho y doce países tendrán la oportunidad de participar, la dinámica de competición y de clasificación se va a ver afectada, tal como apuntaba Miquel Morales hace un tiempo.

¿Y España, qué?

Los relevos mixtos tienen una virtud, y es la de sacar a la luz las diferencias entre el rendimiento de ambos sexos a nivel de país: mientras Australia, actual Campeona del Mundo de la disciplina, se caracteriza por tener tanto equipo masculino como femenino competitivo a nivel individual –Charlotte McShane, Matt Hauser, Ashleigh Gentle y Jacob Birtwhistle luchan en cada Serie Mundial por los puestos de cabeza- otros países como Sudáfrica, Francia o España se ven relegados a luchar por puestos de media tabla.

Desde este punto de vista España se tiene que poner las pilas de cara a Tokio. En los Campeonatos del Mundo de 2017 nuestro equipo, formado por Carolina Routier, Vicente Hernández, Inés Santiago y David Castro, se hizo con la octava posición, a algo menos de tres minutos de cabeza. Un año antes, también en Hamburgo, Antonio Serrat fue doblado en la última vuelta, con lo que nuestro combinado no pudo ni terminar.

En Sub23 hay un poco más de espacio para la esperanza: en los últimos Campeonatos de Europa, disputados en Velence, Hungría, nuestros jóvenes terminaron cuartos, y en la Gran Final de las Series Mundiales de Cozumel 2016 se hicieron con el triunfo.

Quedan dos años para los Juegos Olímpicos de Tokio, donde los relevos mixtos repartirán otras tres medallas a sumar a las individuales. Hay un largo camino que recorrer para que los nuestros estén, al menos, luchando por acercarse a ellas.