Hubo un tiempo en que bajar de ocho horas en una prueba de Ironman era un hito accesible a unos pocos privilegiados. Pero ese tiempo se ha acabado. En 2016 fueron trece los triatletas que lograron bajar de la barrera psicológica, y 2017 va por unos derroteros similares.

A las primeras de cambio, dos nuevos corredores, y ya vamos por 41, pasan a engrosar el listado: el norteamericano Ben Hoffman logró ayer cruzar la meta del Ironman de Sudáfrica con un tiempo de 7:58:40. Lo curioso es que lo hizo con cincuenta segundos de ventaja sobre el alemán Nils Frommhold, quien vio como bajar de ocho horas no le era suficiente como para llevarse la victoria. Hace unos años le hubiera servido para ganar cualquiera de todas las pruebas Ironman a lo largo de planeta.

Para que nos hagamos a la idea de cómo está evolucionando la mejora de las marcas: el propio Nils Frommhold se hizo en 2014 con la victoria en Sudáfrica con un tiempo de 8:26:07, casi treinta minutos peor que la que le supuso ayer el segundo puesto. Por su parte, Ben Hoffman se hizo en 2016 con la victoria con 8:12:37.

De hecho en los últimos cinco años el Ironman de Sudáfrica ha mejorado su tiempo desde los 8:26:07 citados de Nils hasta los 7:58:40 de Hoffman. Y es tiempo.

¿Qué ha cambiado en los últimos años? ¿La tecnología en el segmento de ciclismo? ¿La intensidad en el maratón? ¿Directamente ahora los triatletas son mejores que hace unos años? No debería ser así, gran parte de los que estaban hace unos años continúan en activo y con grandes marcas. Sea como sea, desde 2007 a 2013 solo se había hecho menos de ocho horas en 21 ocasiones. En los tres últimos años, vamos por 31, y no se para de batir el récord de cada prueba en cada nueva edición:

¿Hasta dónde llegaremos? Hace unas semanas Jan Frodeno valoraba como una posibilidad que en Kona, donde tradicionalmente no se hacen buenas marcas, se pudiera llegar a bajar. ¿Tendrá razón el alemán?