Sabemos de la importancia de mantener nuestro cuerpo bien refrigerado y con una buena temperatura corporal. Es algo que influye de manera bastante directa en nuestro rendimiento. Por eso, si toca entrenar sobre el rodillo con calor siempre estamos pendientes de que no nos falte agua y de buscar un buen sistema de ventilación o un ambiente fresco que nos permita rendir al máximo.

Sin embargo hay evidencias científicas que demuestran que entrenar bajo condiciones de calor trae consigo ventajas probadas, siempre y cuando se haga de manera correcta. Una investigación de la Universidad de Oregon demostró que los ciclistas que hicieron diez días consecutivos de entrenamientos de baja intensidad en condiciones de calor superaron durante un test a un grupo de control hasta en un 8% en 60 minutos en contrarreloj. En términos más simples, la exposición al calor hace que nuestro cuerpo se adapte consiguiendo un beneficio mayor en nuestro rendimiento general.

El corazón, por ejemplo, llega a bombear más sangre -disminuyendo, incluso, la frecuencia cardiaca-y entrega más oxígeno a los músculo, explica Christopher Minson, uno de los investigadores. Se produce un aumento del volumen plasmático y mejora el flujo sanguíneo. El cuerpo también aprende a regular mejor su temperatura central y cuanto más estable sea está, mejor será nuestro rendimiento. De hecho, la aclimatación al calor proporciona mejoras ambientales específicas más significativas en el rendimiento aeróbico que la aclimatación de altitud. Se ha demostrado que puede llegar a proporcionar un aumento del 3-8% en el rendimiento submáximo y del rendimiento del VO2max.

Después de la aclimatación al calor comenzamos a sudar antes, sudamos más ya un ritmo más rápido, nuestras glándulas sudoríparas se fatigan menos y el cuerpo distribuye mejor el sudor. También hay menos contenido de sodio en el sudor, lo que ayuda a la retención de agua y a mantener los niveles de líquido para prevenir la deshidratación. El resultado de una mejor sudoración es mejor enfriamiento, lo que significa una mejor temperatura, por lo que la fatiga temprana, la hipertermia y el golpe de calor son menos probables.

Cómo entrenar sobre el rodillo con calor

Principalmente tendrás que buscar el ambiente y las condiciones adecuadas. En este caso da igual el modelo de rodillo que escojas. Busca los días y los momentos de mayor calor. Es importante no realizar estos entrenamientos a altas intensidades. Cuando nuestro cuerpo dedica gran parte de su energía a intentar mantener la temperatura corporal el esfuerzo severo va a limitar nuestra potencia y rendimiento. Se recomiendo no ir más allá del 50% del esfuerzo máximo empezando en sesiones de 20 o 30 minutos para llegar hasta 90 en dos semanas.

Para Neal Henderson, entrenador de ciclismo de Boulder (Colorado), es recomendable no entrenar más de dos días seguidos estas condiciones. Dejar mínimo un día de por medio tras dos sesiones de entrenamiento con calor. Es importante mantener una correcta hidratación. En condiciones de calor las necesidades de líquido pueden llegar incluso a duplicarse. La falta de hidratación produce una disminución del flujo sanguíneo, así disminución de la tasa de sudoración y disipación de calor, reduce también el volumen sanguíneo y aumenta la temperatura central.

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