Según el documento Directrices para un Plan Nacional de la Bicicleta, publicado en 2014 en colaboración entre AMBE -Asociación de Marcas y Bicicletas de España- y la Mesa Nacional de la Bicicleta, «más de 1.000 millones de personas optan por utilizarla en sus desplazamientos cotidianos en nuestro planeta, siendo en consecuencia el vehículo más empleado por la Humanidad«.  En España somos poco dados, pero en países del norte de europa es más que habitual. Aquí lo que nos gusta es ir cómodos en nuestros coches, aguantando los atascos, o como mucho en transporte público.

Lo que no se nos ocurriría en ningún caso, ya fuésemos en bicicleta, coche o autobús, es emular a Benjamin David, muniqués que cansado del estrés de entrar en la ciudad con su bici, un día empaquetó su ordenador portátil, su ropa y zapatos en una bolsa impermeable, se la colgó a la espalda y se lanzó al Isar, el río que cruza la ciudad. Dos kilómetros le separaban de su oficina.

«Cuando voy nadando, voy más relajado y tardo menos» ha declarado en una entrevista realizada por la BBC. En verano, cuando la temperatura del agua se lo permite -ronda entre los 14 y los 22 grados- incluso vuelve a casa también remontando el río. En invierno suele usar neopreno, y siempre, sea cual sea la estación, sandalias de goma para evitar hacerse daño en los pies. «De vez en cuando la gente me ve pasar, saluda y se ríe, o me pregunta qué estoy haciendo. Otras, me organizo con otros y me acompañan. Yo creo que se está montando un movimiento o algo así por la zona«. Benjamin no ve incomodidad ninguna en su nuevo medio de transporte, incluso no ha cambiado sus costumbres: cuando llega a su destino, se muda de ropa y toma un café en la misma cafetería en que lo hacía cuando venía en bici.

¿De dónde vino la idea? De recuperar el Isar como río transitable, tal y como era 150 años atrás. «Era la autopista de la ciudad, pero hace más de 100 años que lo perdimos» afirma David. «Nadie lo usa ya como medio de transporte, así que me propuse recuperarlo«.