La competición de triatlón de Zarautz, el BH Zarauzko Triatloia, empieza meses antes del día de la carrera. No por ningún misticismo mágico de superación y lacrimógeno esfuerzo. Básicamente porque las entradas vuelan en 10 minutos. Mantener el número de participantes limitado, para evitar que la noticia de triatletas muertos en el mar no supere el límite de lo políticamente correcto en el diario de la mañana siguiente, tiene sus inconvenientes. En la presente edición, además, el colapso de los servidores fue tal, que se postergó la inscripción varios días, antes de hacer un nuevo intento. ¿Qué locura es esta? La bola de nieve que generamos alrededor de este triatlón en ese momento hizo que nos viéramos engullido por la fama y la historia de la prueba. Cuesta encontrar triatlones de los considerados “míticos” en un deporte que de tan de moda que está, parece que se inventara ayer, exclusivamente enfocado a hombres de mediana edad con cierto poder adquisitivo y con la necesidad de eliminar exceso de testosterona.

Pero tan rápido como creció la bola, decreció hasta apagarse. Las semanas se siguieron unas a otras, dominadas por las urgencias del momento. Hasta que llegas a primeros de Junio y piensas: “¡Coño, que Zarautz es en dos semanas!”

Y es entonces cuando te das cuenta de que has pensado menos en la prueba de lo que se merece.

El Zarauzko Triatloia es un triatlón un tanto atípico en cuanto a distancias: se nadan 2900m entre dos playas a mar abierto, se rueda por un circuito de 80km con algunos puertos cuanto menos curiosos, y se corren 20km por la ciudad de Zarautz y su playa.

Ah bueno, y también llueve. Por sistema. Va incluida en la inscripción. Sin coste adicional. Sus muelas.

PREVIO

En el triatlón de Zarautz había dos tipos de personas: los vascos y los catalanes. No, no quiero decir que el resto de participantes no fueran personas, pero es cierto, que sea por lo que sea, en muchas pruebas deportivas de renombre en el País Vasco, como la Behobia San Sebastián, la afluencia de catalanes es masiva. En los boxes del Extreme Man de Getxo, se escucha casi tanto catalán como euskera. Y aquí en Zarautz tres cuartos de lo mismo.

Siendo nosotros parte integrante de la comunidad de catalanes, decidimos salir desde Barcelona/Cerdanyola el viernes 12. Una T4 a reventar: Peri “Fireman”, Maribel “Lois Lane”, “Il Capo” Córdoba, Màrius “Shark Foxy” y la llorona del grupo, yo. Al cargamento de mastuerzos y Maribel hay que sumarle tres cabras (BH Aerolight y 2 Argon18 E118) y una Venge. Oro líquido. Curioso el tema de las cabras. Más adelante lo recuperaremos.

En cuanto Il Capo encuentra la plancha del pelo, nos ponemos en marcha.

El viaje transcurre entre el tercer grado al que Il Capo somete a Shark Foxy: mujeres, patrones de entrenamiento, el básico chorreo sobre “hazte del club, I want you”, la creación de la némesis virtual como referencia… y las galletas paleo mr. Dot. Qué buenas, qué sanas, que molonas.

En el hotel, nos reagrupamos la expedición del Club Triatlón Cerdanyola. No son estas siglas exactamente, pero no acabo de entender porque no lo son. A los ya citados, se añaden la valerosa Silvia “SuperFast Transitions Rodriguez”, Rafa “MachoMan”, Raúl “El hombre del 25”, Diego “El poeta blogero” y Lolo “El hombre tranquilo”. Cenamos lo mejor que se puede cenar cuando uno está lejos de casa: un menú infantil en toda regla. Arroz a la cubana y escalopa. Nunca falla.

Todas las conversaciones giran alrededor de la prueba. Una absoluta prueba de amor incondicional de las respectivas parejas. Tiene que ser agotador tener que escuchar continuamente hablar del mar, la distancia, “no me cuadran los tiempos”, el muro de Aia, Orio, el camping, la lluvia, etc. De trastorno obsesivo para arriba.

Y empiezan las chanzas y los vaciles. Aquí se desmarca Il Capo, que es el jefe en la bici y el amo del trash talking antes, después y durante la prueba. Aún recuerdo su aviso: “ya puedes apretar corriendo, porque en la bici te voy a pasar… lo tienes claro, no?”… Antes de tocar la escalopa, ya nos había puesto en fila. Raúl tenía que volar en la bici, Diego tenía que marcarse un fuera borda entre Getaria y Zarautz, Lolo ya tenía que ir pensando el Ironman, y pobre de mí que me hiciera el reservón…

DÍA DE LA PRUEBA

Llueve. Diluvia. Llamarlo como queráis. Pero “els catalanets” hubiéramos anulado el sector de la bici, como que la Verge de Montserrat es negra. O blanca con la cara sucia. Lo que sea. Pero llueve suficiente como para ponerte el batín, las pantuflas, y encender un fuego ficticio, para acabar haciendo el amor encima de una piel de oso polar al lado de la chimenea. Por cierto, ¿os he explicado que los osos polares en realidad no son blancos? ¿No? Pues otro día.
En el box estamos todas juntas. Maribel nos tiene locas con las fotos, hay que estar bien guapa, fotos de grupo, fotos de Peri, más fotos de Peri… ¿os he dicho que Peri tiene muchas fotos? ¡Tantas que puedes pasarlas rápido y parece un video! Es la ventaja de ser el bombero sex-symbol del grupo. Aún enseñando el ombliguito.

Old school triatlón, con los bártulos dentro de una caja. ¿Es una broma verdad? Las zapatillas de correr puestas del revés para que no se llenen de agua. ¿El casco? Boca arriba porque lo manda la federación, porque mola pegarse un chapuzón en el momento de ponérselo. Con todos mis respetos, vaya gañanada. No os equivoquéis, lo del cajón me encanta, pero lo de no poder poner un plástico para tapar la ropa mientras llueve a cántaros, pues jode.

Nos subimos al bus con lo puesto en dirección a Getaria. Sigue lloviendo. Va hombre, déjalo ya. Nos has acojonado suficiente, ahora deja que salga el sol… pues no. Bajo los pórticos de la playa de Getaria se suceden, de nuevo, los vaciles y las chanzas. Probamos el agua, esta calentita. Sí, parece mentira, pero está calentita. Deben tener un meo de buen chorro estos vascos. Hago lo propio dentro del neopreno para eliminar tensiones, y después de la salida de las chicas, con Silvia al frente y comandando, al cajón.

COMPETICIÓN

Recordamos, 2.900m saliendo de la cala de Getaria para llegar a la playa de Zarautz. Dos boyas. Pues hasta la primera boya, casi 1.000m pegándonos. Porque somos machos. O muy gilipollas. Se suceden los hit-combos de bofetones a dos carrillos. El de delante me lo adereza con un talonazo en los morros que me desajusta las gafas, hace me que entre agua saladita saladita para escocerme bien el ojo durante el ratito que durara aquello. Lo bien que va el agua salada para las lentillas, pero la opción de quitármelas e ir miope en mar abierto entre dos calas hubiera sido de epopeya de primer grado. De ratito tuvo poco, porque salí del agua en 46m33seg. Una ruina. Hasta los primeros 1500m bien, en 22m, a mi ritmo. A partir de ahí, me desoriento, me desconcentro, pierdo referencias, nado un poco más de braza de lo que es recomendable, y me dejo dos minutazos. Si no, hubiera ganado la prueba. De calle. Pero no, me los dejo. Y salgo del agua, con un globo cojonudo, más borracho a mediodía que después de los gintonics de esa misma noche.

Aún no me he recortado las perneras del neopreno, por lo que tardo un rato en quitármelo. A mi estilo. No me siento pero casi. Desvísteme despacio que tengo prisa. Frase celebérrima de Napoleón, conocido por su afición al triatlón y a invadir países. Gestionando ya el tema de dejarme el dorsal atrás, el casco sin abrochar, los manguitos en el canalillo del tritraje… llegan Il Capo y MachoMan. Los reconozco por los colores del traje, porque el primero viene con los ojos desorbitados y apretando el culo. El segundo viene casi descojonándose desde la segunda boya. “¡No me jodas! ¡Puto Rafa!” La guerra psicológica estaba servida. Il Capo en apuros, MachoMan disfruta de su victoria parcial y sueña con dar la sorpresa.

Los dejo allí, detrás, junto con mi neopreno fuera de la caja. Me han estresado, salgo cagando leches y se me olvida el decoro y las formas. Gracias a Macho, que es un buenazo, y me recoge el neopreno asesino, me lo plancha, me lo pliega y me lo deja en el cajón. Asesino porque cuatro días más tarde aún me rozan los cuellos de camisa. Y nada tiene que ver con el Night Club de delante del hotel en Kassel.

Triatlón de Zarautz

A la bici me subo en marcha. Como los vaqueros. Dejándome los huevos cada vez, pero en marcha. Las Spiuk Pragma entran muy fácil. Tuve dudas en su día, pero estoy muy muy contento con ellas. Señores de Spiuk, patrocínenme, soy majo y estoy bien educado. Con sus hijas también me conformo. Ruedan los cierres y ya levanto la vista, visualizando el culo de Shark Foxy, mi próximo objetivo. Ha salido delante de mí, en 42m43seg. Puto tiburón. El 73 de la general. Lo de visualizar es por decir algo, porque más que visualizar, dejo de ver y empiezo a imaginar. Llueve. Llueve mucho. Gotas gordas, saladas, del mar. Evaporación y descarga. Gafas fuera, no veo una mierda. Bajamos como niñas. Excepto los Aitor, Iban, Jon y demás vascos valientes, chicarrones del norte que dominan el arte del aquaplaning encima de una cabra.

El circuito consta de dos vueltas de 28km para iniciar después una tercera con las rampas más importantes del día.

En la primera vuelta pienso en mi mamá. Un buen rato. Quizá la frase que más veces me repetí fue la de ¿Qué hago yo aquí? Seguida de un amplio abanico de imprecaciones. Me cago en la madre de un triatleta que se juega su vida y la mía por el mismo precio. Me salen 6 canas en menos de 2 segundos. Todo el mundo va con la cabra. ¿Por qué? No veo mucho beneficio, aunque yo ni siquiera me acoplo, no me cogen distancia. No me pasa apenas gente y voy recuperando posiciones, la caza ha empezado. Huelo sangre y estoy hambriento.

Finalmente Shark Foxy entra dentro del radar. Es el inicio de la segunda vuelta. Me ha aguantado 28km pero esto acaba de empezar. Apenas nos saludamos, tenemos trabajo por delante. Pero no piero la oportunidad de admirar su apolínea figura y sus hercúleos brazos.

No encuentro a Silvia, no la veo por ningún lado. Más tarde supe que iba de incógnito, con una manta zamorana cruzada sobre el pecho, bufanda y gorro. Intentó gritarme al pasar, pero la bufanda ahoga sus gritos y no me doy cuenta de que tras tanta ropa iba una de las chicas más valientes del club y el mundo entero. O inconsciente, nunca lo sabremos.

Doy cuenta de la segunda vuelta e iniciamos la temida tercera. Con los altos de Orio, Aia y el camping. Rampillas de casi el 20%, pero son cortas y la principal dificultad es que el suelo está mojado y no me puedo poner de pie. Subo a golpe de potencia, sin la agilidad que me gusta y me caracteriza, grácil como una mariposilla que danza sobre el Bucéfalo, el caballo de la muerte. Mucha exageración y leyenda innecesaria sobre estos pequeños altos, porque castigan, pero no tienen ninguna importancia en el tiempo final ni en las fuerzas que te dejes para correr. En el alto de Aia, entre triatletas haciendo eses me sonríe una guapa fotógrafa, plastificada toda ella. Es Lois Lane! Clic clic clic, pongo cara de: “¿Mira, por aquí, con el vermutico, te pido otro?” Lástima que fueran los últimos estertores de una cámara ahogada en lluvia.

Triatlón de Zarautz

Descenso largo y peligroso, por lo rápido y por lo que te deja arriesgar. La subida al camping es el último escollo. Los altos son duros, pero lo que es en realidad acojonante es la cantidad de gente que ha ido hasta allí a animarte. Ríete tu del diablo de LeTour. Gallina de piel. Atisbo de lagrimilla. Suerte que el pelo del pecho me asoma por el canalillo del tritraje y me recuerda que los machos no lloran. Bueno, con Up si. ¡Pero no llorar con Up es imposible! Hay que ser un desalmado.

El tiempo en bici 02h35m27seg. No es una maravilla, pero he pasado del 209 en la natación al 161. La cabeza de la carrera ya tiembla. Zarautz ruge a mi llegada, saben que puede ser un día de leyenda.

Llegamos a la T2, transiciono bien, rápido y seguro. No me casco ninguna uña en el proceso, pero eso sí, tiro los dos geles al suelo saliendo ya de boxes. Los de la organización son tan majos que se ofrecen a dármelos en la siguiente vuelta. El circuito a pie son 3 vueltas para completar 20km. La primera y última parte de la vuelta transcurre por el centro del pueblo, mientras que después se aleja, callejeando por parques y pasos bajo la carretera para enfilar el camino que lleva a la pasarela del biotopo. Para este año la pasarela estaba en perfectas condiciones y se puede correr rápido en todo el circuito.

Son 20km así que empezamos tranquilitos, para ponernos en el 2km a ritmo de crucero, 4min05seg/km aproximadamente. No he corrido antes en un half a este ritmo. Pero Il Capo me ha transformado. Soy un nuevo atleta, más alto, más listo, más rápido. Mejor en definitiva. A este ritmo me quedo, voy cómodo, voy bien, y no tengo un aliciente extraordinario que me haga apretar hasta la muerte en vida. En la segunda vuelta doblo a MachoMan, que me confirma que si no estoy eliminado por zoquete es por la deferencia de arreglarme el neopreno. Il Capo aún se está preguntando qué hubiera pasado si Macho no hubiera perdido esos valioso segundos. Su batalla particular en la bici será recordada y cantada por bardos como una de los más bellos lances habidos en la historia. Macho ataca, hunde anímicamente a Il Capo, que se sabe más fuerte, pero pasa por un mal momento. De entre la bruma, refulge el casco blanco de Fireman, que asesta un brutal hachazo a los contendientes, encabritando su Aerolight y haciéndola galopar desenfrenada. Es entonces cuando Il Capo recupera la cordura, encoge los hombros, oxigena el muslamen, y enciende la magia de Cancellara que corre por esas patacas de Peto Sagan que gasta. Y se aleja, cada vez más pequeño, entre la cortina de agua ante la atónita mirada de Fireman, y las carcajadas de Macho.

En mi carrera a pie me olvido de los geles perdidos, ya no importan, los que dan en el parque de cola están buenos! Y no tengo que parar a hacer caca en ningún momento. No paro, porque la hago en marcha. Pasar a dos vascos y aligerar hasta en cinco ocasiones, al ritmo de Aupa Aupa! Y claro, yo me Aupo todo lo que haga falta.

Zarautz está volcado con la prueba, pasamos por callejones estrechos de gente que te anima sin compasión, exigiéndote el máximo para poder compensar la devoción que demuestran por los valientes (imbéciles) como nosotros. Desde aquí quiero saludar a mi nuevo amigo, Javier Pérez, dorsal 150, que sin conocernos de nada, nos fuimos batiendo el cobre hasta la línea de meta. A pocos metros de la cual, en una maniobra que se recordará por lo fea y poco caballerosa, me pasa, después de llevarlo a rueda cual keniata en Berlín, y sin yo esperarlo, para esprintarme y disputarme así el codiciadísimo puesto 107.

En la línea de llegada, me espero Lois Lane, la reportera fantástica, un montón de pastelitos y una carpa llena de humanidad que a ratos me hace olvidar que estoy empapado, congelado y exhausto. Señores y amos del triatlón de Zarautz, el año que viene, más mantas doradas. Que mola mucho parecer Jor-El y protegen del frío.

Al rato llega Il Capo, que repite hasta la treintena de veces por minuto que ha corrido más rápido que yo. Las historias se van hilvanando tal y como van llegando todos mis compañeros, compañeros de muchas horas de fatiga y rivales por unas horas. Cada uno con su historia, con sus lances, sus heridas de batallas y sus castillos conquistados. Llega Il Capo, llega Foxy Shark, Raul del 25, nuestro bombero sexy, Macho macho Rafa, Lolo, tranquilo, pausado y seguro, decidido a regalarse una copita, Diego, poeta canalla, de verbo fácil y ácido, y finalmente, también llega Silvia, la valiente. Estamos todos.

En total, 4h43min30seg. De puro goce. El triatlón es cojonudo. La lluvia es una puta mierda. El año que viene vuelvo. Beto, Gil, Edu, volvéis conmigo.

Ah, ¡casi se me olvida! Lo mejor, las copas del sábado por la noche. Eso sí que no tiene precio…

Triatlón de Zarautz

Fotos: festak.com