La noticia de la cancelación de la octava edición del Bilbao Triathlon caía este pasado fin de semana pasado como un jarro de agua fría en el panorama nacional: la prueba vasca era una de las más importantes del calendario, con más de mil triatletas dándose cita cada año en la Ría bilbaína. Sin embargo para esta edición apenas había 300 inscritos.

No es el primer caso en Euskadi. Hitzkunde Zarandona, en un artículo para El Correo, apuntaba hace unos días de la suspensión de hasta once pruebas en el circuito vasco, entre duatlones y triatlon.

Si ampliamos el espectro al resto de la península, nos encontramos con situaciones muy similares. Hace apenas quince días era Titán Sierra de Cádiz quien tenía que poner punto y final a su andadura como prueba. “Tras una última reunión celebrada la semana pasada con todas las administraciones implicadas en el Titán, hemos dado por concluido este periodo con un gran sentimiento de frustración“, decían en una carta dirigida a los participantes los organizadores de la prueba.

¿Qué está ocurriendo? ¿Se ha deshinchado la burbuja del triatlón?

El triatlón, ¿deporte de paso?

En 2010 había 13.449 triatletas federados en España. En 2015 se alcanzó la cifra récord, 29.739, lo que suponía un incremento del 121% en apenas cinco años. Sin embargo en 2016, por primera vez, el número de licencias descendió: 27.760.

En el sector existe la percepción de que el triatleta que ha entrado en los últimos años en este deporte no lo hace para quedarse. “Hay dos posibilidades: o se enganchan a lo bestia o lo prueban porque es el deporte de moda y duran poco“, apunta Miquel Morales, colaborador de Planeta Triatlón y miembro del comité organizador del Duatló de Cerdanyola. “Hay gente que se marca como objetivo hacer un medio Ironman o un Ironman, y en cuanto lo consiguen venden la bici y a por otro reto en otro deporte“.

Es el problema de ser un deporte aspiracional. Es muy difícil mantener la motivación para seguir compitiendo, y eso sin contar con el nivel de exigencia que conlleva entrenar. Nadar, pedalear y correr supone destinar de media unas diez horas a la semana, lo que comparado con otras disciplinas es muy complicado de compatibilizar con trabajo, familia y vida en general.

No podía mantener el ritmo“, comenta Alexis Menacho, popular que tras competir en media distancia hasta 2016, la temporada pasada decidió aparcar la bici y centrarse únicamente en el running. “Necesito mucho tiempo y solo con correr es mucho más fácil llegar a mi objetivo

En la misma línea apunta Omar Tayara, olímpico en 2008 y responsable de la marca textil Taymory: “La gente se motiva mucho, pero requiere tal sacrificio que después de unos años abandona“. Sin embargo, esta gente que sale del triatlón no deja de hacer deporte. “Al final, se quedan con seguir entrenando pero a menor intensidad, compitiendo en running y ciclismo“.

Trail running, swimrun y aguas abiertas, las vías de escape

En el club el crecimiento más grande que hemos tenido en los dos últimos años ha sido en la sección de trail running“, comenta Miquel Morales.

Con Kilian Jornet como personaje de referencia y yendo de gesta en gesta, el trail running también está de moda. Hablamos de un deporte que, contando con grandes diferencias con respecto al triatlón, también ofrece grandes retos a los deportistas. “El contacto con la naturaleza, el que las carreras en semiautosuficiencia y soledad” son para María Puig, triatleta y trail runner, las principales ventajas. “Además hay que tener la cabeza muy bien amueblada, hay que saber gestionarse para acabar un trail“.

Los 35 euros del precio de la licencia de trail running, estrenada a finales de 2017, también son una ayuda. En triatlón, dependiendo de la comunidad, podemos hablar de hasta cien euros.

El caso de las aguas abiertas sería similar. Marnaton, el principal circuito de pruebas de natación en España, batirá este 2018 récord de inscritos. Las Víes Braves, proyecto que en 2017 comenzó a balizar toda la zona de la Costa Brava catalana, también prevé mejorar sus cifras de cara a esta temporada que comienza el mes que viene.

El swimrun también está atrayendo la atención de los triatletas. Esta disciplina, muy extendida desde hace varias temporadas en tierras nórdicas, combina el running y las aguas abiertas con recorridos por la costa. Dadas sus características y la orografía de la península, ha entrado con fuerza en España. De hecho el calendario de swimrun no para de agregar pruebas y las marcas comienzan a fijarse en él a la hora de patrocinar eventos.

Exceso de pruebas en el calendario

El boom experimentado en los últimos años ha conllevado la saturación del calendario, sobre todo en pruebas de media y larga distancia, posiblemente las que más costes de organización pueden suponer. Donde hace cinco años el triatleta apenas tenía dónde escoger, ahora hay fines de semana en los que se solapan hasta tres pruebas de renombre.

Hay una demanda muy grande, pero la oferta se ha también hecho mucha grande“, apunta Juanan Fernández, de Challenge Family España. Además “las administraciones públicas se ven desbordadas por la solicitud de servicios“. El Ayuntamiento de Barcelona, por ejemplo, promovió hace dos temporadas la fusión de las dos pruebas que se celebraban por la Ciudad Condal con la intención de aliviar el calendario.

La administración, sin dar facilidades

Una consecuencia del exceso de pruebas es lo reticente que se está volviendo la administración a la hora de conceder los permisos. En 2017 tuvimos que ver como a una semana de la celebración de la prueba Challenge Salou se vio obligada a cambiar su recorrido por la negativa de Fomento a permitir que el segmento ciclista transcurriese por autovía. “Por ley tienen hasta el último día para concedernos la autorización o no“, apunta el propio Juanan.

Esto no solo genera incertidumbre, sino que carga de gastos a los organizadores. “Nos obligan a ir con personal auxiliar, ya no con voluntarios. Imagínate, doscientas personas durante seis horas, el coste que puede tener“. En 2017, esta partida le supuso a Challenge Salou una inversión de 29.000 euros.

Ante esta tesitura, la permanencia de determinadas pruebas -aquellas sin colchón financiero- está en el alero.

Ramiro Lahera, presidente de la Federación Madrileña, apuntaba en una entrevista a finales de 2017 hacia otro problema: la “dictadura” de los técnicos de mediambiente, que junto a los responsables de tráfico son los que tienen la última palabra a la hora de permitir que una prueba se lleve a cabo o no. “Para practicar deporte, a los polideportivos“, llegó a decir el técnico madrileño al que se achaca la cancelación del Triaroc 2017.

Visto desde fuera, parece que para las administraciones autorizar la celebración de una competición se ha convertido en un problema más que en una fuente de beneficios.

¿Qué futuro se presenta?

En una entrevista para As José María Hidalgo decía en verano de 2017 que “el deporte del futuro es el triatlón“. Habrá que ver qué parte de razón tiene el presidente de la Federación Española. Esperemos que mucha.

Por el momento la #triarmada sigue copando los primeros puestos en Series Mundiales, pero de que exista relevo dependerá gran parte de la continuidad de nuestro deporte entre los populares. Tener primeros espadas, como ha ocurrido en los últimos años con Javier Gómez Noya, asegura que los jóvenes quieran emularles. De hecho, podría decirse que gran parte del boom vivido en los últimos años, es culpa del gallego y del resto de deportistas que han paseado con éxito el trimono de la selección. Ha ocurrido en triatlón y ha pasado con anterioridad en deportes minoritarios: Rafa Nadal con el tenis, Pau Gasol con el baloncesto o más recientemente Carolina Marin con el bádminton.

Juanan Fernández, al contrario de Hidalgo, es pesimista: “Caerán más pruebas“, comenta. Como en todo mercado, costará que oferta y demanda se equilibren, lo que supondrá que más triatletas salgan, y más competiciones desaparezcan. Desde su punto de vista quedarán en el calendario las pruebas históricas, que cuentan con una estructura organizativa suficiente como para aguantar reveses o caída de inscripciones.

Omar Tayara, por su parte, es positivo: “Se van, pero también entra mucha gente al triatlón. Por eso la cifra se mantiene constante“.