¿Alguna vez os habéis preguntado por qué las zapatillas con las que corremos tienen fecha de caducidad?

Más allá de los posibles intereses comerciales que rodean todas las marcas deportivas y sus propios analistas en los medios, sí que es cierto que el calzado caduca y a continuación voy a tratar de dar una pequeña pero útil explicación atendiendo a cada una de las partes más visibles que componen el calzado.

La suela

En primer lugar, hablaré de la suela, que por más que nos empeñemos en buscar diferentes técnicas de carrera, apoyo metatarsal o apoyo de talón, mediopie… es la primera parte que contacta con el suelo y por eso debe aportarnos las cualidades para las que está destinada.

  • Amortiguación: El EVA que compone la mayoría de la suela de las zapatillas, en ocasiones mezcladas con otros componentes según que marcas como el GEL de Asics, el BOOST de Adidas, etc., con el paso del tiempo y con el uso pierde propiedades de amortiguación, de estabilización y la capacidad acomodativa del pie respecto al terreno. La pérdida de amortiguación debida al desgaste nos lleva a una sobresolicitación del control muscular en excéntrica o dicho de otra manera, supone que el músculo haga más fuerza para evitar el desplome del talón contra el suelo. Este es un factor potencialmente lesivo y generador de roturas fibrilares, contracturas a nivel sural así como tendinopatías aquileas. Imaginemos una goma elástica que se debe estirar más de lo que soporta. Algo parecido es la respuesta sural a la falta de amortiguación. Esto afecta, además de a las estructuras musculares del triceps sural, a los meniscos y al tendón rotuliano.
  • Agarre: El material con el que las diferentes marcas fabrican la parte inferior de la suela se ve sometida a la abrasión y al desgaste, básicamente por el uso diario. Estos materiales se encargan de hacer y de aportar la mejor adherencia de cada zapatilla al medio en el que se usa. Brooks, por ejemplo, estuvo tiempo fabricando suelas con un caucho similar al de las ruedas de coche. ¿Por qué? Para hacer que la zapatilla agarre bien. Sin duda, el nivel de adherencia es fundamental en el desarrollo de la carrera a pie, dado que influye en la mejora de tiempos y también en el nivel de salud, evitando lesiones. Un deslizamiento excesivo o al contrario, un agarre demasiado potente a la superficie nos puede generar luxaciones de tobillo y/o rodilla, lesiones digitales y los archiconocidos hematomas subungueales.
  • Estabilización: El desgaste de la suela y los cambios de densidad de esta puede hacer que no consigamos estabilizar bien la pisada sobre el piso y suframos esguinces, luxaciones articulares, etc.
técnica de carrera running

Foto: getspinx.com

Contrafuerte del talón

Tras la suela, algo que considero muy importante en cualquier calzado es el  contrafuerte del talón.  Esta estructura de soporte y control del movimiento del pie también se desgasta y con su desgaste ¿qué nos ocurre? El talón, en la biomecánica de la carrera ha de entrar en supinación y despegar pronando. Dentro de este proceso, el contrafuerte nos va a permitir controlar una excesiva movilidad del talón (del calcáneo, para ser exactos). Si no lleva a cabo su labor y se da una hipermovilidad del talón, se corre el riesgo de sufrir fasticis, síndrome de la cintilla iliotibial o lesiones de musculatura sural.

Por este motivo, considero importante vigilar también esta estructura de nuestras zapatillas y recomiendo siempre, pese a buscar  las más ligeras para competir, nos aseguren ese punto de estabilidad en el talón. Un ejemplo de este contrafuerte en zapatillas voladoras podemos encontrarlo en las Type de Saucony o las Cloudflash de ON.

El Upper

El Upper de la zapatilla que no solo es lo más visual y lo que siempre percibimos tiene importancia más allá de la estética y es la comodidad del mismo. Cuando con el uso vemos que se desgasta, estamos  corriendo el riesgo de tener zonas en las que ya no hay tejido de protección y sea causante de ampollas, que igual en un triatlón sprint nos molestan aunque al ser poca distancia podemos soportarlo. Si ya hablamos de distancia olímpica o superiores, igual una ampolla nos hace abandonar y además de manera sufrida.

 

Estas son solo algunas de las recomendaciones que hago para cambiar las zapatillas aparte de las del volumen de kilómetros, cuando ya vemos que hay algo que falla, alguna molestia que antes no aparecía, una sensación de inestabilidad del pie, algún detalle que nos haga sentir incómodo, etc. Es cierto que el pie se acostumbra a cualquier situación, aunque sea lesiva, y a continuación del pie va la pierna y lo que al principio “solo” era un dolor puede terminar en una lesión importante. Recordad que el cuerpo es lo suficientemente inteligente como para detectar cambios y puede que ese cambio se solucione solo variando lo que nos protege y lo que contacta con el suelo.