San Valentín: 14 de febrero de 2017. “Sólo pienso en tri”. Una frase que a más de uno le puede traer algún que otro problema cuando se dice con el mismo sentimiento que le dirías a tu pareja: “sólo pienso en ti”… ¿En ti o en tri?

¿Te gustaría poner de foto de mesilla el perfil con la altimetría de tu próximo IM? Cuando vas a la piscina con tus hijos, ¿puedes evitar el hacerte unos largos con volteo incluido ante el asombro generalizado de tu vecindario? ¿Alguna vez has hecho series cortas para coger el autobús? Cuando estudias en clase de Historia la Transición española, ¿visualizas a los políticos en el box subiendo a la bici con las zapas en las calas? ¿Se te empiezan a acumular los bidones de bici en casa y superan al número de vasos?

Foto: Ironman // Nils Nilsen

Foto: Ironman // Nils Nilsen

Si te sientes identificado con alguna de estas situaciones, entonces es que estás perdido, perdidamente enamorado del triatlón. Ahora bien, como ya dije en De triatlet@ a triatleta esto es un estilo de vida que hay que saber llevar y compaginar con el resto de nuestras obligaciones y deberes diarios.

El amor de pareja es algo muy bonito. El amor por el triatlón es algo diferente. El enamoramiento es un estado del ser humano que dura un periodo concreto de tiempo y que luego se convierte en otro tipo de sentimiento. Es curioso porque, saliendo alguna vez en bici con otros triatletas, me hacía gracia cómo cada uno medía este tiempo según sus propias historias personales. Algunos hablan de que el amor pasional dura un ciclo olímpico, mientras que otros apuntan a unos campeonatos europeos, no más. Y siempre hay los que creen en el amor eterno.

Dure lo que dure, en la vida hay que estar siempre enamorado de más cosas que nos hagan la vida feliz. La persona de la que nos hemos enamorado no siempre va a estar a nuestro lado, por eso hay que saber disfrutar de lo que nos hace sentir verdadera pasión: los amigos, la familia, el deporte, el triatlón, el triatlón, el triatlón…