Chicos: Gracias. Antes de nada, gracias. Han pasado ya tres horas desde que haya acabado la prueba masculina de triatlón, esa que con tantas ganas esperábamos y, una vez digerido que los Brownlee se han hecho con oro y plata, solo se me ocurre daros las gracias.

¿Las gracias? Dirá alguno por ahí pensando que vuestro resultado, octavo, decimo octavo y vigésimo séptimo no son los que preveían. Sí, gracias. Es cierto que el resultado no es el que esperábamos. Quien más quien menos cerrábamos los ojos y veíamos, como mínimo, una medalla. Hasta las apuestas así lo preveían. Pero no ha podido ser. Y me dan igual los motivos. Unos dirán que los Brownlee han planteado mejor la estrategia, otros que por atrás no os habéis puesto de acuerdo, otros, los que en Pekín crujieron a críticas a Gómez Noya por quedar cuarto, los que no tienen ni puta idea de ésto, dirán que nos pasa siempre.

Pero a mí es que me gusta mucho el triatlón. Y todas esas cosas me la bufan. Completamente. A mí me lo que me importa de verdad es lo que nos hacéis sentir. Y hoy nos habéis tenido pegados al televisor, y nos habéis hecho sufrir, y hemos apretado las piernas cuando llegaba esa rampa durísima ayudándoos a pedalear. Hoy nos habéis hecho sentir que el triatlón es un deporte importante. ¡Hoy hemos quedado con amigos a ver triatlón en la tele! ¡Y os lo debemos a vosotros! ¡Eso a lo largo de cuatro duros años de deporte minoritario es, por desgracia, inviable e impensable!

Todos nos hemos quejado de la retransmisión. Pero es lo que hay. Hubiéramos preferido a Javi Gómez Noya, reflexivo por naturaleza, en vez de un par de cotorras que han futbolizado la prueba, pero alguna vez lo conseguiremos. Ahí está Pablo Dapena, que ha demostrado que en la televisión gallega sabe comentar vuestros movimientos muchísimo mejor. Gente válida para hacerlo hay a cascoporro. Solo hay que mostrar interés por este maravilloso deporte.

Y a partir de ahora, chicos, a levantarse, mirar al frente, y a ganar los mundiales. Y a pensar en Tokio. Quedan cuatro años. Estamos orgullosos de vosotros y seguiremos estándolo siempre. Como ha dicho Mario al acabar la prueba: cuando das todo no puedes recriminarte nada. Y nosotros, que sabemos que os partís el pecho en todas y cada una de las pruebas en las que participáis, ¿cómo os vamos a recriminar? Lo único que podemos hacer es daros las gracias por emocionarnos.

De corazón.