Uno de los mayores miedos a los que se enfrenta un triatleta son las lesiones. Si ahondamos en este tema, todas aquellas que estén relacionadas con la rodilla se han convertido, por desgracia, en “el pan nuestro de cada día”. Esta es una de las partes más sensibles de nuestro cuerpo: además de tener un movimiento bastante complejo y tener que aguantar fuerzas enormes de compresión y tensión, es la mayor de nuestras articulaciones, donde meniscos, músculos, tendones, ligamentos y el cartílago hialino ayudan a la distribución y absorción de las cargas y a facilitar el movimiento de la articulación.

El cartílago hialino, es un tejido muy especializado, avascular y aneural, es decir, que no tiene vasos sanguíneos ni nervios y su crecimiento es bastante lento. La carencia de riego sanguíneo e inervación le dan una escasa o nula capacidad de reparación por sí mismo, así que la pregunta es obvia: el volumen de carrera a pie que entrenamos, ¿puede afectar a que de aquí en un tiempo nuestros cartílagos se vean resentidos? Veamos primero que tipo de cartílagos tenemos:

Tipos de cartílago

En nuestro cuerpo encontramos tres tipos de cartílagos, siendo estos:

Cartílago elástico: Como su nombre lo dice, está compuesto por fibras elásticas y lo encuentras en la laringe, oído externo y trompa de Eustaquio.

Cartílago hialino: Es compuesto principalmente por colágeno y se encuentra en las costillas, bronquios, tráquea, laringe y extremos articulares de los huesos; existiendo un tipo que se le denomina cartílago articular y está compuesto por condrocitos.

Cartílago fibroso: Está compuesto de colágeno pero de una clase más gruesa; encontrándose en los discos intervertebrales, los menisco, los tendones y lo ligamentos, entre otros.

Como afecta el running el cartílago

Como hemos comentado al principio, la carrera a pie es una actividad que produce un gran impacto sobre las articulaciones de carga. Algunos estudios han revelado que el cartílago articular de la rodilla se deforma a causa de la presión que se genera cuando se hace ejercicio, pero posteriormente recupera su estado original.

Los mismos estudios señalan que, entre andar y correr, la deformación es igual en personas sanas; aun cuando si existe una anomalía articular, la carga que se imprime sobre determinadas partes del cartílago puede llegar a ser excesiva y esta deformación puede llegar a causar daños irreversibles en el cartílago. Por lo general las lesiones de cartílago en corredores llegan a producirse por malas prácticas que se realizar durante los entrenamientos y las carreras.

Dichas malas prácticas pueden llegar a ser desde un entrenamiento excesivo para la condición física hasta el uso de unas zapatillas inadecuadas o desgastadas.  Dentro de las patologías de cartílago que se pueden encontrar en los corredores, están las lesiones condrales o osteocondrales, es decir, lesiones que pueden dañar solamente al cartílago o también al hueso adyacente.  Sin embargo, entre este tipo de lesiones la más común, por encontrarse situada en la articulación que más sufre por este tipo de actividad, es la condropatía rotuliana.

Cómo se produce el desgaste de cartílago

Cuando existe desgaste de cartílago se siente dolor y se presenta hinchazón de la zona; además, de producirse problemas al momento de caminar. El desgaste de cartílago en la mayoría de los casos se presenta debido a que las rodillas tienen que aguantar el peso de todo el cuerpo al caminar, siendo por esto que debemos intentar darles la mayor protección.

Cómo se puede evitar el desgaste de cartílago

Con el paso de los años se van perdiendo propiedades y se comienza a sufrir de dolor e inflamación del cartílago y su desgaste; esto es principalmente consecuencia de la artrosis, que supone la reducción del tejido que amortigua los extremos de los huesos. Ahora bien: para evitar ese desgaste se pueden seguir algunos consejos:

Hacer deporte: Se debe hacer ejercicio periódicamente, debiendo (para tener un entrenamiento adecuado) tener en cuenta tanto la edad como el estado físico.

Masajes: Con esto mantendrás en buen estado los músculos, así como ayudará a la recuperación de los cartílagos.

Usar el calzado adecuado: Debes elegir el calzado de acuerdo al tipo de pisada que tengas y el deporte que practiques, entre otros factores, pues esto ayudará a evitar el desgaste de cartílago.

Entrena la técnica: A la hora de la zancada, trata de pisar lo más correctamente posible.

No aumentes el volumen de tu carrera: No debes aumentar demasiado el volumen de tu carrera, deja que tu cuerpo se adapte a la carga adicional.

Mantén una dieta sana: De acuerdo a investigaciones realizadas, estas sugieren que mantener una dieta rica en frutas y verduras con un alto contenido de antioxidantes puede ayudar a proteger el cartílago.

Mantén tus músculos fuertes: Los músculos absorben gran parte de la carga que atraviesa las piernas, por lo que debes asegurarte que estos sean fuertes para brindarle protección a tu cartílago.

Terapias para el tratamiento del cartílago

En los últimos años, la investigación básica en ortopedia que se encuentra relacionada con el cartílago se ha dedicado al estudio de los mecanismos básicos que gobiernan la formación, mantenimiento y destrucción de este tejido articular. En ese sentido, tanto el tratamiento como la prevención de las lesiones del cartílago incluyen opciones quirúrgicas y no quirúrgicas y ante la dificultad presenta para la reparación de las lesiones es que la prevención de su deterioro se ha convertido en una línea de investigación muy importante, al vez más que el tratamiento de las lesiones ya establecidas.

Terapias no quirúrgicas: Entre estas terapias podemos mencionar los protectores del cartílago, combinación de dos principios activos Condroitín sultato y Sulfato de Glucosamina; las infiltraciones con ácido hialurónico intraarticular, con plasma rico en factores de crecimiento o con suero autólogo condicionado, ortokine; y, las células madre.

Terapias quirúrgicas: Son muchas las técnicas quirúrgicas que se han podido desarrollar para intentar solucionar las lesiones de cartílago y entre ellas podemos mencionar: tratamiento sintomático, cédulas madre o fibroblastos de la médula ósea, inducción celular de la condrogénesis y trasplante osteocondral para lesiones de cartílago de la rodilla.

Ahora bien, los factores que nos harán inclinar hacia una técnica u otra son, entre otros: el tamaño y localización de la lesión, el nivel de nuestra actividad deportiva y laboral, las expectativas en relación al resultado o el coste económico del procedimiento.