Sin duda, este 2019 no ha sido el año de Chris Froome. Apenas 11 semanas han pasado del gravísimo accidente que llevó al británico a terminar en el hospital mientras hacía el reconocimiento de la etapa contrarreloj del Critérium del Dauphiné el pasado mes de junio. Froome impactó contra un muro cuando iba a una velocidad superior a 60 km/h. Las consecuencias de tan feo accidente fueron fractura de codo, fémur, esternón y varias vértebras, además de perder varios litros de sangre.

Desde su propio equipo, Team INEOS, y fuentes médicas indicaron que Froome necesitaría casi medio año para recuperarse de las secuelas de la operación, lo que le mantendría fuera de las grandes vueltas de 2019. Pero Froome empezó con las sesiones de rodillo rápidamente y a finales de julio ya estaba intentando volver a trabajar duro. Tanto es así que el pasado 29 de junio fue sorprendido  por un aficionado mientras entrenaba en Niza (Francia).

Poco ha durado la alegría para el corredor del Team INEOS debido esta vez a un accidente doméstico. Froome contaba a través de sus redes sociales que se había cortado el dedo pulgar con un cuchillo de cocina. Como consecuencia, ha tenido que pasar nuevamente por quirófano para unir un tendón. Un nuevo impedimento que parece no va a afectar a sus planes para lo que queda de temporada.

«Este no es mi año. No puedo esperar a que llegue cuanto antes el 2020», decía un Chris Froome que no ve el momento de volver a entrenar para llegar a 2020 e intentar su quinto título del Tour de Francia, para pasar al Olimpo de los dioses junto con Anquetil, Merckx, Hinault e Indurain.