Según datos de la Dirección General de Tráfico, en 2017 fallecieron en las carreteras españolas 78 ciclistas, la gran parte de ellos a causa de irresponsabilidades por parte de conductores que circulaban bajo los efectos del alcohol o las drogas, o pendientes del móvil. En 2016, en todo el año, fallecieron 33 compañeros. Pese a estos datos, que vistos en frío son para echarse a llorar, hay espacio para la esperanza. El impagable trabajo de Anna López ha logrado que, finalmente, se haya aprobado una Ley Orgánica para modificar el Código Penal, endureciendo las penas y considerando la negación de socorro como delito.

Pese a que según la última Encuesta de Hábitos Deportivos en España, publicada en diciembre de 2015, el ciclismo es el deporte más practicado en España, por encima de la natación y el running, un amplísimo porcentaje de conductores nos quiere fuera de la carretera, les estorbamos. Por desgracia lo están consiguiendo: compañeros que hasta hace un tiempo eran aversos a subirse a una BTT, como Miquel Morales, se han comprado una escudándose en el argumento de que «en la montaña no nos asesinan«. Es así de triste: somos una especie a extinguir.

Nadie debería sentirse sorprendido si decimos que el ciclista es perseguido. Cada vez que un medio publica una noticia relacionada con un atropello, en el debate posterior -ya sea en las redes, ya sea en la sección de comentarios- termina apareciendo algún iluminado del volante exigiendo que dejemos de ocupar las vías, que paguemos impuesto de circulación o que, en el fondo, la culpa es nuestra. Eso por no hablar de las lapidaciones públicas a las que en muchas ocasiones nos vemos sometidos en foros de conductores o camioneros. Así que por suerte o por desgracia es labor nuestra, de los que usamos las dos ruedas, ganarnos el espacio que nos merecemos en la carretera.

En muchas ocasiones se comenta que la única solución es el respeto mutuo, que ambas partes aprendan a convivir. Es cierto. Pero iríamos más allá: los ciclistas necesitamos que las autoridades nos defiendan en todo este proceso, pero también hemos de ser estrictos y escrupulosos con nuestra manera de actuar cuando salimos a pedalear. Hace unas semanas lo decíamos a través de nuestro canal de youtube:

Pero es más, a raíz de un selfie que Richard Murray publicó en twitter mientras entrenaba, hablamos de que necesitábamos que los profesionales diesen ejemplo. Pero no solo ellos: nosotros tenemos que ser señalar directamente con el dedo a todos esos que se dicen ciclistas que no cumplen las normas de circulación. Aquellos que utilizan el móvil cuando salen con la grupeta, que se hacen fotos, que graban vídeos para luego subir a las redes sociales, que convierten los semáforos en rojo en meros ceda el paso, no son ciclistas: son personas que se han hecho con una bici, y que se suben a ella a pedalear, pero no son de nuestro gremio y no les queremos.

No les queremos entre nosotros porque flaco favor nos hacen. Cada vez que un conductor ve a un tipo montado sobre las dos ruedas infringir descaradamente las normas de circulación, más refuerzan la idea de que hacemos lo que nos da la gana y que toda la culpa de lo que nos ocurre es nuestra. Da igual que en una grupeta el noventa y cinco por ciento de los ciclistas tengan una actitud inmaculada. Si hay un notas que saca el móvil, o se salta un semáforo, y alguien al volante le ve, todos quedamos retratados.

Así que si tenéis algún especímen así en vuestro grupo de entrenamiento, o incluso si vais en el coche y veis a alguno infringiendo las normas, que no os duelan prendas en recriminarle la actitud: no es por ellos, es por defendernos nosotros.

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