El otro día hablábamos de cuáles eran los rasgos físicos y psicológicos de un triatleta. Algunos de vosotros nos escribías puntualizando que si bien compartimos  rasgos psicológicos hombres y mujeres, no ocurre lo mismo con el físico. Así que nos hemos puesto a escribir el homólogo de cómo reconocer a una mujer triatleta cuando no va vestida con ropa de entrenamiento o cuando no te la encuentras acoplada en una cabra por la carretera. Estoy segura de que hay una serie de signos o indicios que, aunque no te digan claramente que es triatleta, al menos sí dejan entrever que hay una relación directa con el deporte. El verificar si es corredora, nadadora, ciclista o todo junto es algo que dejamos ya en tus manos.

Nosotros hemos identificado rápidamente cinco rasgos habituales de la mayoría, pero si podéis ayudarnos a completar la radiografía física de una triatleta, os lo agradecemos.

Planas

Esto, nos guste o no, es un hecho. Las triatletas somos lo más parecido a un lenguado, no hay culo y no hay pecho. Hablo en general, que sé que siempre hay excepciones y a mucha honra. Al hacer ejercicio aeróbico, la grasa o tejido adiposo se quema y pasa a formar músculo, por lo que el cuerpo se define más. ¿Qué ocurre con el pecho? La diferencia con el tejido mamario es que no pasa al músculo, sino que se reduce y el círculo de la zona del pecho también.  Como también se refuerza el músculo que lo sostiene, el resultado es un pecho más pequeño y firme. Y esto se nota sobre todo cuando metes muchos metros y horas de piscina. De hecho, no tenéis más que fijaros en las grandes nadadoras, qué espaldas y qué anchura de hombros tienen, pero son completamente planas.

Foto: biografieonline.it

Federica Pellegrini  Foto: biografieonline.it

Poca peluquería

El pelo de una mujer triatleta puede llegar a pasar dos o tres veces por la ducha a diario. Seguro que a más de una no le vale con una sola sesión de entrenamiento, sino que puede entrenar por la mañana, al mediodía o incluso por la noche. Esto, a efectos peluquería, es inviable. Normalmente, salvo que se opte por el pelo corto, todas llevamos una melena generosa que nos permite hacernos una buena coleta o trenza que moleste poco para correr, para el gorro de nadar y el casco de bici. Las prisas hacen que no podamos dedicarle mucho tiempo al secador y acabemos saliendo de casa o del gimnasio con el pelo húmedo. Total, ¿qué más nos da si por la tarde vamos a doblar sesión?.

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Jenny Fletcher

El atrezzo

Por muy arreglada, maquillada y pintada que pueda llegar una triatleta a trabajar siempre hay algún detalle que la delata. Es imposible disimular ciertas cosas porque están tan interiorizadas. Puede ser un pulsómetro en la muñeca cuya marca nos resulta familiar; puede ser la marca del sol del culotte en las piernas o de los guantes de ciclismo de la salida del domingo; la marca de las gafas de nadar de la sesión matutina de entrenamiento en piscina; puede ser la mochila o la bolsa de deporte que siempre le acompaña donde lleva todo tipo de material por si surge un imprevisto y se puede ir a entrenar. Si tienes ocasión de ver el maletero de su coche, probablemente sea lo más parecido a una tienda deportiva, en eso se parece mucho al del hombre triatleta.

Hombros anchos y brazos definidos

Principalmente en verano es cuando es más fácil identificar a una triatleta. En invierno, con medias y ropa de manga larga se hace más complicado. Este rasgo es claro y decisivo, sobre todo cuando se pone una camiseta de tirantes. Esos brazos perfectamente definidos, esa espalda tirando a ancha de tanto nadar.

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Foto: Getty Images

Pómulos marcados

Las mujeres no somos diferentes de los hombres cuando entrenamos. Y si a ellos se les marcan los pómulos de tantas palizas, a nosotras también. Unos pómulos bien definidos aportan ángulo a la cara y le dan un aspecto de elegancia, frescura y sensualidad para el llamado “triángulo de la belleza facial” que enmarca las facciones. Cuando dejas la categoría senior y pasas a veterana, alrededor de los 35 años, es cuando la grasa del pómulo empieza a bajar debido al debilitamiento de los ligamientos que la sostienen.

 

Resumiendo, y para que te quedes tranquila y feliz con tu físico triatleta, los cánones de belleza han cambiado respecto a los años 80. Empiezan a llevarse las mujeres delgadas, con cuerpos fibrosos y con apariencia algo andrógina: caderas estrechas, cintura estrecha y hombros anchos… ¿te suenan estos rasgos? El rostro pierde dulzura y deja de ser fino y delicado. Las facciones angulosas y marcadas empiezan a imponerse en el mundo de la moda. Triatletas, ¡el mundo es nuestro!