Exceptuando al de Belén Esteban y al del feo de los Calatrava, el cuerpo humano tiene una gran precisión y siempre se ajusta a los distintos estímulos que le damos. Si nos pasamos con el sobreentrenamiento, el nos frena. Si le dejamos descansar, luego va divinamente. Y así con todo.

La mayoría de las reacciones son respuestas a situaciones a las que estamos expuestos, y se producen en el sistema hormonal. Pueden ser de dos tipos: anabólicas (construyen el cuerpo), y catabólicas (destruyen el cuerpo). En una situación “normal” ambas respuestas están en armonía.

Cuando decides, un mal día, convertirte en triatleta de larga distancia, entras en un nuevo estado en el que todas las actividades de entrenamiento tienden a ser catabólicas, con lo que estamos constantemente estimulando a nuestro cuerpo para que descansemos y podamos reconstruir con más fuerza que antes del proceso de destrucción.

Fijémonos, por ejemplo, en un maratoniano o en un ciclista profesional: la masa muscular se reduce y el cuerpo disminuye (proceso catabólico de manual). Por el contrario, un velocista o un ciclista de pista tienen cuerpos con gran masa muscular, conseguidos a partir de las respuestas obtenidas por la fuerza de los estímulos y el poder de su formación.

En pocas palabras, la forma de entrenar crea un cambio hormonal en nuestro cuerpo, y hay que ser muy consciente de ello. Si entrenamos correctamente, los efectos negativos son compensados por el entrenamiento programado para disminuir el impacto en nuestro cuerpo. Pero si pasamos olímpicamente, o no entendemos el funcionamiento de nuestro cuerpo, podemos pasar a un proceso de respuesta con consecuencias negativas a largo plazo sobre nuestro rendimiento y bienestar.

Foto: Flickr // idrettsforbundet

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En un hombre o una mujer, el equilibrio normal, mantenido por las hormonas testosterona y estrógeno (en función del sexo), puede verse afectado radicalmente por un plan mal diseñado, aunque los efectos negativos a largo plazo quedan enmascarados por los beneficios aeróbicos a corto, resultado de la formación de resistencia y los esfuerzos catabolicos.

Así, con un exceso de volumen mejoramos a corto plazo, pero entonces el equilibrio hormonal se pierde y el rendimiento se estanca. Nos desanimamos viendo que por mucho que nos empeñemos no tiramos, y luego empeora debido a la pérdida de fuerza, velocidad y coordinación.

En los hombres, los efectos catabólicos del entrenamiento de resistencia son mucho más visibles: cuanta más masa muscular, más tiempo de recuperación se necesitará. Hay que tener en cuenta que la testosterona es una hormona anabólica, que construye, así que demasiado esfuerzo cortoplacista hará que bajen nuestros niveles, dado que siempre se está intentando entrenar más y más.

Foto: Flickr // idrettsforbundet

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Así que si sois chicos, aquí tenéis un riesgo bien guapo: convertiros en una maravillosa triatleta con curvas femeninas y atractivas, caderas anchas, y aparte (como bonus track) piernas con exceso de grasa y brazos flácidos. Y todo por culpa de tener desordenados los niveles de testosterona hasta tal punto que el estrógeno cambie las características físicas. Más efectos de un mal entrenamiento: pérdida de la libido, necesidad de afeitarse sólo una vez cada diez días (o tres meses, como yo).

Aparte, hay que tener en cuenta la individualidad del entrenamiento: los hombres entrenan diferente de las mujeres, los seniors entrenan distinto que los jóvenes.

¿Pero cuáles son las 3 reglas principales para aplicar toda esta teoría en su formación?

  1. Entender bien cada entrenamiento: una tirada larga el fin de semana de bicicleta o de carrera a pie, entrenamiento catabólico; una sesión de fuerza en el gimnasio, caracter anabólico.
  2. Mantener las largas sesiones de entrenamiento a un nivel moderado durante todo el año, salvo las últimas diez semanas antes de la prueba de larga distancia (ironman o medio ironman), momento en el que el volumen se debe aumentar por la importancia de la especificidad.
  3. Evitar los carbohidratos en las últimas horas del día, dado que limitan la cantidad de la hormona insulina en nuestro cuerpo. Ésta es un antagonista de la hormona del crecimiento, responsable de nuestra composición corporal.

Siguiendo estos puntos, conseguiremos mantener el equilibrio, no entrenar en vano, y ser mejores triatletas. ¡Duro con ello!