Si el otro día hablábamos de las diferencias biológicas entre la mujer y el hombre a la hora de hacer deporte, hoy vamos a hablar más en detenimiento de cómo afecta el ciclo menstrual al rendimiento deportivo.

El ciclo menstrual se caracteriza por cambios rítmicos en la cantidad de hormonas femeninas, los estrógenos y la progesterona producidas en los ovarios. Estos son regulados por otras hormonas llamadas gonadotropinas producidas en dos glándulas del cerebro, el hipotálamo y la hipófisis. La duración del ciclo es de 28 días y se va repitiendo a lo largo de la vida fértil de la mujer. La variabilidad del nivel de hormonas, además de producir cambios en los órganos femeninos y a otros niveles, son responsables de cambios del rendimiento deportivo en las diferentes fases del ciclo.

Fase proliferativa o estrogénica: Es la que va desde el primer día menstrual (día1), al día de la ovulación (día 14) y predominan los estrógenos. En esta fase el rendimiento deportivo aumenta progresivamente desde el día 1 y llega a su máximo. Es el mejor momento de la mujer deportivamente hablando.

Fase lútea o progestágena: Del día 14 al 24. Fase en la que predomina la progesterona. En esta fase el rendimiento deportivo empieza a decaer llegando al mínimo en la fase premenstrual.

Fase premenstrual: Del día 24 al 28. Los altos niveles de progesterona de la fase anterior empiezan a decaer. En esta fase el rendimiento deportivo alcanza su mínimo y aparece el llamado síndrome premenstrual o dismenorrea, una constelación de síntomas físicos y psíquicos que aparecen antes de la menstruación como cefalea, vómitos, diarrea, cambios de humor, etc.  El mayor nivel de endorfinas y prostaglandinas en las deportistas disminuye la frecuencia de síndrome premenstrual o dismenorrea en este colectivo.

TRASTORNOS MENSTRUALES EN DEPORTISTAS

Los trastornos menstruales van desde la amenorrea o ausencia total de menstruación a la oligomenorrea cuando los periodos se producen con un intervalo superior al habitual y/o son de poca cuantía y/o duración.

La incidencia de trastornos menstruales en atletas es muy superior a la observada en mujeres no deportistas,  20-50% frente a un 5%.  No obstante, la causa no es únicamente la actividad física. El deporte a altos niveles va acompañado de muchos otros factores que influyen sobre el ciclo menstrual tanto o más que la actividad deportiva en sí, como son el estrés físico y emocional, factores nutricionales, psicológicos, etc.

Estrés físico y mental: El ejercicio y  cualquier situación de estrés mental aumentan los niveles de una serie de hormonas como son las endorfinas,  catecolaminas, prolactina, ACTH, cortisol, andrógenos y testosterona.  Estos niveles anormalmente elevados durante un entrenamiento o un acontecimiento estresante vuelven a la normalidad tras unas horas de descanso y no llegan a producir alteraciones del ciclo menstrual. No obstante, si el ejercicio es de alta intensidad, de más de 60 minutos de duración y muy frecuente, los niveles pueden permanecer elevados de forma persistente y producir perturbaciones del ciclo menstrual. Las endorfinas, catecolaminas y hormonas del estrés estimulan la producción de prolactina a nivel de la hipófisis que inhibe la secreción de gonadotropinas lo que conduce a falta de estimulación de los ovarios y alteraciones del ciclo.

Peso y porcentaje de grasa corporal : Una mujer con un peso inferior a  48 kilos o con un porcentaje graso excesivamente bajo, deportista o no,  tiene más probabilidades de padecer trastornos del ciclo. No está claro si la mujer necesita un mínimo porcentaje de grasa corporal y cual es este mínimo para conservar su ciclo porque, aunque el tejido graso sea una fuente de estrógenos, los ovarios sanos producen la mayor cantidad de estrógenos que circulan por la sangre.  Por otro lado, no todas las mujeres con bajo peso o porcentaje graso tienen amenorrea.

Factores que aumentan el riesgo de los trastornos menstruales en deportistas: La Intensidad, duración y frecuencia del entrenamiento, la edad,más frecuente en atletas más jóvenes, la historia de irregularidades previas y la dieta. Dietas vegetarianas, pobres en proteínas y grasas o hipocalóricas aumentan el riesgo de padecer amenorrea.

Las irregularidades menstruales son reversibles cuando  disminuye la intensidad y duración del entrenamiento y la atleta aumenta su peso y porcentaje de grasa.

Las consecuencias a largo plazo son desconocidas dado que el deporte extremo es un fenómeno relativamente reciente en la mujer. Una complicación descrita en mujeres atletas con amenorrea prolongada es la osteoporosis precoz a consecuencia de la falta de estrógenos, por el mismo mecanismo que en mujeres con la menopausia. Varios estudios han demostrado un incremento de las fracturas de estrés en atletas.