Los que me conocen saben que soy un gran defensor de los entrenamientos en rodillo. En concreto en el bkool, que es el que me compré hace dos años (primero el blanco, el original, y ahora el nuevo modelo). Vivo en Valladolid, donde en invierno hace un frío de tres mil demonios, y el rodillo me lo pone bien fácil. En verano quizás no hace tanta falta en las tiradas largas, pero sí quizás en las de calidad. Y os cuento por qué.

Me encantan las sesiones en velódromo porque te permite excluir factores externos y así poder comparar entre sesiones. Cuando estás en la calle, entrenando en carretera, siempre hay alguna historia que hace cada entrenamiento diferente. Y no digo que esté mal, eh, pero elimina toda posibilidad de comparar dos entrenamientos. En cambio en el rodillo, dándole vueltas a la pista, sabes que no te vas a encontrar semáforos en rojo, ni viejecitas pasando ni tráfico ni leches. Solos tú y la pista. Y a dar giros como un hamster.

De igual manera, cuando hablábamos de cómo mejorar nuestra cadencia en bici, hablábamos del rodillo. ¿Y por qué? Pues principalmente porque emular velódromo siempre nos permite un ritmo constante, huyendo de repechos y desniveles. Podremos centrarnos en entrenar la cadencia de pedaleo, e incluso aprender a mantener una velocidad constante. Además, al encontrarnos siempre en llano, nos obliga a estar pedaleando en todo momento: un entrenamiento de cuarenta y cinco minutos equivale, más o menos, a un entrenamiento de una hora en exterior. Es decir, ahorraremos tiempo para luego estar sentados en el sofá con nuestras familias. ¡Y eso vale muchos puntos, eh!

Por último, tenemos el entrenamiento mental que supone estar pedaleando en una habitación, donde no hay agentes externos que nos puedan distraer y hacer mas llevadera la sesión. No os podéis hacer a la idea de qué bien se lleva un entrenamiento en exterior cuando has estado trabajando en rodillo unos cuantos días. Cuatro horas viendo coches, montañas, nubes te parecerán un chiste.

¿Qué ejercicios se pueden hacer emulando velódromo en el rodillo?

Series: Al no haber factores externos, las series en que buscamos acercarnos al umbral, o superarlo, nos salen siempre iguales. A mí me gusta entrenarlas por número de vueltas (por ejemplo 4 vueltas al umbral + 8 vueltas de recuperación), pero se pueden hacer infinitas variaciones.

Ritmo: Entrenamiento de calidad del bueno. Si tocan 100 vueltas (25 kms) a ritmo constante (por ejemplo), podremos trabajar perfectamente sin incidencias de ningún tipo, simplemente controlando la cadencia y las pulsaciones, y sin tener que cambiar de piñón en ningún momento.

Demarrajes: La fuerza de explosión nos ayudará en el triatlón de corta distancia, así que hay que entrenarlo. Ya lo comentábamos cuando hablamos de cómo mejorar nuestra potencia sobre la bici. Y en el velódromo se hace de maravilla.

Transiciones: ¿Qué mejor que poder practicar el montaje y el desmontaje y hacer el ridículo sin que nadie te vea? Aparte, al estar fija la bicicleta, reducimos los riesgos de caída.