Una de las situaciones más traumáticas para los practicantes de triatlón es la compra de zapatillas de running. Quien más quien menos pregunta a sus compañeros de entrenamiento, a sus amigos, mira en webs especializadas… Hasta que termina yendo a la tienda con más miedo que Rita Barberá a unas nuevas elecciones. Pues bien, hoy vamos a hablar de cuáles son los puntos a tener en cuenta a la hora de comprar zapatillas de correr:

Talón

El talón tiene que quedar bien ajustado, pero sin tener la sensación de que está apretado. Si atamos las zapatillas a través del último ojal, reduciremos la posibilidad de desplazamiento, aunque sí que tiene que llegar a haber algo de juego, sin llegar a ser incómodo.

Si ya en la tienda nos sentimos raros, se amplificará cuando salgamos a la carretera.

Empeine

Alrededor del empeine también hay que sentir la comodidad. Mucha gente dice que nota presión y tensión, como que necesitasen más espacio. Si al ponerte unas zapatillas notas la zona por debajo de los cordones demasiado caliente, y al quitarte la zapatilla tienes marcas en el empeine, esa no es tu zapatilla. Eso, o prueba alguna lazada alternativa.

Anchura

El pie tiene que se capaz de moverse de lado a lado en la parte delantera de la zapatilla, sin cruzar por encima del borde de la plantilla. De hecho, hay que ser capaz de pellizcar un par de milímetros de la zapatilla en la parte más ancha del pie. Si la zapatilla es demasiado estrecha, notaremos que el dedo pequeño del pie se pega al borde de la horma del zapato.

Longitud

A lo largo de una carrera los pies se hinchan, así que tenemos que asegurarnos de que compramos zapatillas de una talla superior a la que compraríamos para, por ejemplo, unos zapatos de calle. ¿Y cuánto más? Pues aproximadamente unos seis o siete milímetros, midiéndolo desde el dedo gordo. Hay que tener en cuenta también, aunque esto es poco manejable a no ser que tengamos mucho dinero, que por naturaleza un pie suele ser más grande que el otro.

Flexibilidad

Hay que comprobar el punto de flexión antes de ponerse la zapatilla. Para esto, se hace manteniendo fijo el talón y presionando la punta de la zapatilla en el suelo. Si flexa en exceso, corremos el riesgo de tener dolor en el arco, o de sufrir la famosa fascitis plantar. Por el contrario, si no tiene punto de flexión, podremos tener distensión en la pantorilla o dolor en el tendón de Aquiles.