Las gafas de sol que utilizamos cuando salimos a correr -e incluso en el segmento de bicicleta si no tenemos casco aerodinámico- son mucho más que un complemento cuqui que nos hace salir más guapos en la foto entrando en meta. Protegen nuestros ojos, y ese es un tema a tener en cuenta con las sesiones de entrenamiento de triatlón que nos solemos meter entre pecho y espalda.

Los rayos ultravioleta del sol son peligrosos, contribuyendo en muchos casos a trastornos en los ojos, como pueden ser cataratas, lesiones cancerígenas en los párpados y degeneración macular. Incluso en los días nublados, los rayos del sol siguen estando ahí. Como dato, para aquellos que no vivimos a los pies del mar, por cada 300 metros de altura, la radiación de los rayos ultravioletas se incrementa un cinco por ciento.

Por tanto, las gafas de sol actúan como protectoras ante los rayos, pero tienen otras utilidades, como pueden ser protegernos de los mosquitos y de la suciedad que se acumulan en el aire, y que a determinadas velocidades pueden ser molestas y muy dolorosas. Así que… ¿qué ha de tener una gafa de sol para que sea útil en nuestro deporte?

Bloqueo total de los rayos ultravioletas: tengamos en cuenta que más del diez por ciento de todos los cánceres de pie afectan a los párpados, en parte debido a una incorrecta protección.

Lentes de policarbonato: Son las de material más ligero y delgado, y que mejor soportan los impactos.

Propiedades anti vaho: La humedad del ambiente y el sudor pueden ayudar a crear una película de vaho muy incómoda, limitando nuestra visión.

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Lentes grandes: hay que escoger lentes que sean grandes, sin miedo, maximizando la protección de los ojos y de la piel que los rodea.