Después de hablar el otro día de las ventajas de entrenar en ayunas, más de uno estaréis diciendo “uff, querría, pero yo es que no puedo con el ejercicio intenso sin comida en el estómago, eso no está hecho para mí”. Bueno, en primer lugar, un poco de autoconfianza, coño, que todos somos capaces de todo, y más con el estado de ánimo adecuado. En segundo lugar, ahí van unos cuantos consejos para tu nuevo enfoque alimenticio.

1.- Se pueden tomar otras cosas más allá del agua: café negro, té, pastillas de cafeina, aminoácidos de cadena ramificada, o cualquier otro tipo de bebida libre de calorías. Según Brad Pilon y Martin Berkhan, expertos del entrenamiento en ayunas, hasta cocacola light o chicle sin azúcar servirían.

2.- Rompe el ayuno en el momento en que más te apetezca después de entrenar: mucha gente hace la ingesta nada más terminar de entrenar, aprovechando la ventana de glucógeno, pero en realidad no es tan importante. Incluso si quieres alargarlo, sus beneficios continúan. La hormona del crecimiento estará siendo más y más beneficiosa a medida que alargamos la ingestar. Pero esta “no necesidad” también hay que entrenarla. Tenemos al cuerpo acostumbrado a comer una serie de veces al día, y así de primeras no lo vamos a conseguir reeducar.

Así que paciencia, y poco a poco. Los primeros días costará, pero después, nos iremos acostumbrando.

3.- Como dice Txema Córdoba, la ingesta de después de entrenar se debe convertir en una auténtica fiesta: come todo lo que te apetezca. Cuidado. No he dicho todas las calorías que quieras. Pero no es necesario comer muchas comidas durante todo el día. A pesar de algunos mitos de tiempos inmemorables dicen que el cuerpo sólo puede absorber una cierta cantidad de proteínas a la vez, somos completamente capaces de digerir la ingesta del día en una sola comida grande.

Por tanto, gestiónate la comida como te venga en gana. Tu decides, y tú disfrutas.