Hace unos días hablábamos de cómo conseguir que nuestros hijos se aficionen al triatlón: empiezan a mostrar interés, pero aún hay que poco a poco conducirles hacia este deporte. ¿Pero y una vez que sí, que están con ganas, cómo lo hacemos?

Diversos estudios indican que, aunque que los niños y los adolescentes pueden mejorar la fuerza y las condiciones cardiovasculares, a esas edades aún no son capaces de asumir el estrés de un entrenamiento de la misma manera en que puede hacerlo un adulto. De igual manera, tenemos que contar con la madurez y el desarrollo de los mismos, que juega un papel clave en la predisposición y la capacidad para posteriormente poder competir.

De hecho, un cincuenta por ciento de las lesiones entre niños y adolescentes son motivadas por el sobreentrenamiento, que en su caso quizás no es por volumen, si no por cómo es la gestión del mismo, y las intensidades. Lo que más suelen sufrir en estas edades son temas de cartílagos (aún en desarrollo), huesos y estrés por calor.

Así que habría que distinguir claramente cómo entrenamos con ellos en función de sus edades:

Menos de once años: se trata fundamentalmente de divertirse y de trabajo psicomotriz. Lo que entendemos por entrenamiento debería ser algo muy limitado, sin apenas cargas de volumen. Basta con tres días de entrenamiento, y siempre basándose en la técnica a través de juegos.

A partir de doce años: puede empezar a planificarse una estructura de entrenamiento. Una vez que la técnica está aprendida, pueden incluirse sesiones para mejorar el estado físico, tratando de ver cómo responden ante el entrenamiento y como es la experiencia competitiva. Es decir, que hay que estar atentos a cómo asimilan los volúmenes, y si disfrutan los días en que hay prueba. Se pueden llegar a entrenar seis días a la semana, siempre teniendo en cuenta que hay que combinar las tres disciplinas y que es básico evitar que se centren únicamente en un segmento en concreto.

Por último, independientemente de la edad y los volúmenes, los jóvenes triatletas tienen que estar separados de este deporte como mínimo dos o tres meses al año, de tal manera que puedan recuperar tanto física como mentalmente. Es básico para evitar lesiones.

Foto de portada: Cabildo de Lanzarote