Está claro que esto del triatlón lo conocí tarde, y como mucha gente fui de los que empezó a salir con su bici de montaña. Hoy os voy a contar, intentando sacaros una sonrisa, cómo fue la compra de “mi primera bicicleta ”.

Yo no quería una bici. No tenía tiempo para otro deporte más. Ya corría y escalaba, y eso de comprarme una bici me iba a obligar a cogerla para no sentirme mal al verla aparcada y sin uso. Pero mi novia sí que quería una bici. ¿Alguien se imagina que pasó? Pues que Juanp se compró una bici.

Recuerdo que llamé a un amigo que hacía mtb desde pequeño y le dije que me aconsejara que comprarme. Él me dijo: “cómprate una que tenga amortiguación delantera y al menos frenos de disco hidráulicos”. Claro, yo llegué a la tienda de bici y como un loro le repetí eso mismo al vendedor, pero además le añadí la muletilla:”y que no sea muy cara”.

El vendedor lo tenía claro, ese día no haría su venta del año. Me sacó una bici que por supuesto era de las más alejadas del escaparate y me dijo que esa además era de mi talla. ¿De mi talla? Me la estuvo enseñando, me habló de velocidades, de frenos, de cambios, de ruedas…y me dijo el precio. Creo que aún tengo arritmia cardíaca desde ese día. La bici costaba 500€. Por supuesto me llevé las manos a la cabeza, miré a mi novia y le dije que nos fuésemos de allí de inmediato.

Al salir del local ella me frenó. Me dijo: “Juanp, será que cuestan eso”. Yo alucinaba! Y bueno, aquí os podría contar una conversación típica chico-chica, yo digo, tú dices, que si para aquí, que si para allá…y en la que la chica gana.

Salí de la tienda con mi pedazo de máquina más contento que un nazareno en procesiones.

De ahí directo a casa, me puse unas mallas piratas de atletismo, una camiseta de yogures Yoplait (o similar) y me fui a la aventura a descubrir nuevos caminos impenetrables! Claro, todo esto acompañado de su correspondiente foto al Facebook y resto de presentaciones oficiales.

Pasó un mes hasta que me di cuenta de la realidad que me acechaba. Tomando unas cervecitas con un amiguete, que hacía bici desde hacía años. Le digo que me he comprado una pedazo de máquina, una bici de montaña con frenos de disco y que es brutal!! Que cuando quiera salimos. Él entusiasmado por la idea y viendo que yo estaba de lleno ya metido en el mundo biker va y me pregunta que cuanto me ha costado la bici. Yo sin dudarlo y haciendo eco en el bar para que la gente viese mi enorme poderío le digo que me ha costado la friolera de 500€.

Su rostro ni se inmuta. Yo que pensaba que se caería incluso de la silla del soponcio que le daría al escuchar ese dineral gastado en una bici, y el tío ni pestañea. Pensando que no se ha enterado bien del precio, me acerco una cuarta a su oreja y le digo: “kiyo, 500 euros me ha costado la máquina”.  Y aquí viene la frase que por desgracia me abrió las puertas del derroche económico de este maravilloso deporte. Él me contestó : “Juanp, eso no es nada…la mía me costó 1.800€”

Lectores y amigos de Planeta Triatlón. No me lo podía creer. ¿Andaba sola?, ¿tenía motor?. Desde ese día me di cuenta que una bicicleta no era simplemente un cuadro y dos ruedas con pedales.

Con esa bici de 500€ seguí entrenando como nadie. Hubiese sido el tester perfecto para cualquier marca que quisiese probar la gama baja de su catálogo. Le hice miles de kilómetros y me llevó a los mejores sitios…pero inmerso en este afán de tener lo mejor la vendí a los meses para comprarme una mucho mejor y más de cuatro veces más cara. Maldito mundo de la bicicleta!!!!

Con esta historia os quiero mostrar la inocencia del que no sabe. Bendita inocencia!!  Yo era muy feliz con mi bici. No sabía que las había mejores y menos pesadas, y de carbono, o bicis de basalto, y de mil y una cosas que nos ofrecen cada día. Con esa bici de 500€ me preparé la Titan Desert, una prueba en bici de montaña que cruza el sur de Marruecos, 600km en 6 días, y justo un par de meses antes de la prueba la vendí para comprarme una mejor y más cómoda.

Y hasta aquí la historia de mi primera bici. Espero que os haya gustado o al menos haceros reír un rato!