Creo que ya he repetido en varias ocasiones que soy un zote subiendo. Reconozco que es un poco frustrante llegar al segmento de ciclismo, que la carretera se incline para arriba y empezar a ver cómo me adelantan ciclistas con cabra, ciclistas con hierros, ciclistas con cestita, el Piraña y un señor de Albacete en una torrot de 1982. Así que tengo claro que tengo que mejorar la escalada. Quizás a esta temporada ya no llego, pero teniendo en cuenta que en mayo del 2016 tengo un maravilloso UltraTri en Motril que en la segunda jornada tiene un desnivel positivo de casi 6.000 metros, algo tengo que hacer.

Así que me he puesto a recopilar información al respecto, y ahí van las conclusiones. Espero que a vosotros también os puedan ayudar.

  • En primer lugar, se acabó lo de subir en plato grande (sí, yo lo hacía). Hay que buscar desarrollos que permitan mantener una buena cadencia. En primer lugar, porque aliviamos a los cuádriceps, y no tendrás que acabar mirando post como el de cómo curar una tendinitis rotuliana, y en segundo, porque no dañamos las rodillas. Aparte del tema de las pulsaciones, que cuando menos nos acerquemos a nuestro umbral, pues mejor. ¿Necesitáis entrenar la cadencia? Aquí tenéis otro artículo al respecto, cómo mejorar la cadencia en bici.
  • Hay que aprender a no cebarse. Llegan las primeras rampas, decidimos que vamos a ir a saco… y a los dos kilómetros no nos quedan fuerzas en las piernas. Eso si no es que vamos en grupo y pensamos que podemos ir al lado de los mejores escaladores. Que hoy sí que toca coronar a su lado. Nada de eso va a ser cierto a corto plazo. Así que mejor no cebarse, repartir el esfuerzo y hacernos a la idea de que lo importante es que aguantemos y lleguemos arriba. Es importante buscar nuestro ritmo, ese en el que vayamos cómodos, y que nos dure toda la subida. Poco a poco se irá cogiendo la potencia necesaria. Aquí, otro artículo que te puede servir: Cómo mejorar nuestra potencia sobre la bici.
Foto: Flickr // Jose Ignacio Unanue

Foto: Flickr // Jose Ignacio Unanue

  • Hay que adelgazar. Puede que sea una obviedad, pero está claro que cuanto menos pesemos, o mejor dicho, cuanto menos sea nuestro porcentaje de grasa en el cuerpo, pues mucho mejor. Aquí va otra ayuda: cómo bajar nuestro porcentaje de grasa.
  • Levantarse del sillín sí que es una opción. Vale que perdemos ergonomía, y que duele, y cansa, pero es una buena táctica cada cierto tiempo, cambiar la postura. Se modifica el tipo de esfuerzo que realizamos, varían los ángulos de ataque y repartirmos la carga entre los distintos grupos musculares. En este sentido, conviene empezar a hacer ejercicios de brazos, principalmente de triceps, que nos ayudará a mover la bicicleta al mismo tiempo que pedaleamos.
  • Hay que controlar la respiración. En montaña la respiración tiende a cambiar, haciéndose más breve. Pues hay que entrenarlo, y trabajar el hecho de respirar bien, procurando expulsar todo el aire de los pulmones. Esto ayudará a renovar el oxígeno que nos llega, evitando la sensación de ahogarnos.